Cuento del autor Francisco "Paco" Espínola (uruguayo, nacido en 1901 en la ciudad de  San José y fallecido en  Montevideo en 1973)

EL HOMBRE PÁLIDO

Todo el día estuvo toldado el sol, y las nubes, negruzcas, inmóviles en el cielo, parecían apretar el aire, haciéndolo pesado, bochornoso, cansador.
A eso del atardecer, entre relámpagos y truenos, aquéllas aflojaron y el agua empezó a caer con rabia, con furia casi; como si le dieran asco las cosas feas del mundo y quisiera borrarlo todo, deshacerlo todo y llevárselo bien lejos.
Cada bicho escapó a su cueva. La hacienda, no teniendo ni eso, daba el anca al viento y buscaba refugio debajo de algún árbol, en cuyas ramas chorreaban los pajaritos, metidos a medias en sus nidos de paja y de pluma.
En el rancho de Tiburcio estaban solas Carmen, su mujer y Elvira, su hija.
El capataz de tropa de don Clemente Farías, había marchado para "adentro" hacía una semana.
En la cocina negra de humo se hallaban, cuando oyeron ladrar el perro hacia el lado del camino. Se asomó la muchacha y vio a un hombre desmontar en la enramada con el poncho empapado y el sombrero como trapo por el aguacero.
-¡León! ¡León! ¡Fuera! Entre para acá- gritó Elvira.
-¿Quién es?- preguntó la vieja sin dejar de revolver la olla de mazamorra.
-No lo conozco.
La joven volvió al lado de su madre y quedó expectante.
-Buenas tardes.
Agachándose –la puerta era muy baja-, el hombre entró.
-Buenas. Siéntese. ¿Lo ha derrotado l`agua? Sáquese el poncho y arrimeló al fogón.
-Sí, es mejor. Aquí, no más.
El hombre colgó su poncho negro en un gran clavo cerca del fuego y sacudió el sombrero. Después se sentó en un banco.
-¿Viene de lejos? -curioseó la madre.
-De Belastiquí.
-¿Y va?
-Pa l'estancia'e Molina, en el Arroyo Grande. Pensaba llegar hoy a San José, pero me apuré mucho por el agua y traigo cansadazo el caballo. Así que si me deja pasar la noche...
-Comodidá no tenemos ... puede traer su recao y dormir aquí, en todo
caso.
-¡Como no!... Estoy acostumbrao.
La muchacha, ahora acurrucada en un rincón, lo miraba de reojo. Y cuando oyó que iba a quedarse, sintió clarito en el pecho los golpes del corazón.
Es que cada vez más le parecía que aquel hombre delgado y alto, de cara pálida en la que se enredaba una negrísima barba que la hacía más blanca, no tenía aspecto para tranquilizar a nadie...
La vieja le interrumpió sus pensamientos diciendo:
-A ver, aprontá un mate.
Y siguió revolviendo la mazamorra, mientras daba conversación al forastero, que acariciaba el perro y retiraba la mano cuando éste rezongaba desconfiado de tanto mimo.
Elvira tiró la yerba vieja, puso nueva, le hizo absorber primero un poco de agua tibia para que se hinchara sin quemarse. En seguida, ofreció el mate al desconocido. Este la miró a los ojos y ella los bajó, trémula de susto. No sabía porqué. Muchas veces habían llegado así, de pronto, gente de otros pagos que dormían allí y al otro día se iban. Pero esa nochecita, con los ruidos de los truenos y la lluvia, con la soledad, con muchas cosas, tenía un tremendo miedo a aquel hombre de barba negra y cara pálida y ojos como chispas.
Se dio cuenta de que él la observaba. Los ojos encapotados, sorbiendo lentamente el mate, el hombre recorría con la vista el cuerpo tentador de la muchacha...
¡Oh, sí!, había que cansar muchos caballos para encontrar otra tan linda.
Brillante y negro el pelo, lo abría al medio una raya y caía por los hombros en dos trenzas largas y flexibles. Tenía unos labios carnosos y chiquitos que parecían apretarse para dar un beso largo y hondo, de esos que aprisionan toda una existencia. La carne blanca, blanca como cuajada, tibia como plumón, se aparecía por el escote y la dejaban también ver las mangas cortas del vestido. El pecho abultadito, lindo pecho de torcaza; las caderas ceñidas, firmes; las piernas que se adivinaban bien formadas bajo la pollera ligera; toda ella producía unas ansias extraña en quien la miraba, entreveradas ansias de caer de rodillas, de cazarla del pelo, de hacerla sufrir apretándola fuerte entre los brazos, de acariciarla tocándola apenitas... ¡yo qué sé!, una mezcla de deseos buenos y malos que viboreaban en el alma como relámpagos entre la noche. Porque si bien el cuerpo tentaba el deseo del animal, los ojos grandes y negros eran de un mirar tan dulce, tan leal, tan tristón, que tenían a raya el apetito, y ponían como alitas de ángel a las malas pasiones...
Embebecido cada vez más en la contemplación, el hombre sólo al rato advirtió que la muchacha estaba asustada. Entonces, algo le pasó también a él.
Su mano vacilaba ahora al tenerla para recibir o entregar el mate.
Elvira iba entre tanto poniendo la mesa. Luego, los tres se sentaron silenciosos a comer. Concluída la cena, mientras las mujeres fregaban, el hombre fue bajo la lluvia hasta la enramada, desensilló, llevó el recado a la cocina y se sentó a esperar que hicieran la lidia jugando con el perro, con León que, por una presa tirada al cenar, había perdido la desconfianza y estaba íntimo con el desconocido.
-¡Mesmo qu`el hombre!- pensó éste.
Y siguió mirando el fuego y, de reojo, a Elvira.

Cuando terminaron la tarea, la madre desapareció para tornar con unas cobijas.
-Su poncho no se ha secao. Hasta mañana, si Dios quiere.
-Se agradece.
-¡Buenas noches!- deseó la muchacha cruzando ligero a su lado con la cabeza baja.
-Buenas.
Las dos mujeres abrieron la puerta que comunicaba con el otro cuarto, pasaron y la volvieron a cerrar. Al rato, se oyó el rumor de las camas al recibir los cuerpos, se apagó la luz...Todo fue envolviéndose en el ruido del agua que caía sin cesar.
El hombre tendió las cacharpas, se arrebujó en las mantas con el perro y sopló el candil.
El fogón, mal apagado, quedó brillando.
II
Un rato después se empezó a oír la respiración ruidosa y regular de la vieja. Pero en la cama de Elvira no había caído el descanso. Ahora que su madre dormía, el miedo la ahogaba más fuerte. El corazón le golpeaba el pecho como alertándola para que algún peligro no la agarrara en el sueño, y su vista trataba en vano de atravesar las tinieblas... De cuando en cuando rezaba un Ave María que casi nunca terminaba, porque lo paraba en seco cualquier rumor, que la hacía sentar de un salto en la cama.
A eso de la media noche, bien claro oyó que la puerta de la cocina que daba al patio había sido abierta, y hasta le pareció sentir que el aire frío entraba por las rendijas. Tuvo intención de despertar a su madre, pero no se animó a moverse. Sentada, con los ojos saltados y la boca abierta para juntar el aire que le faltaba, escuchó. No sintió nadita. Y aquel silencio, después de aquel ruido, la asustaba más aún. No sentía nadita, pero en su imaginación veía al hombre de la barba negra clavándole los ojos como chispas; veía el poncho negro, colgado del clavo, movido por el viento como anunciando ruina... y como para convencerla de que era verdad que la puerta había sido abierta, seguía sintiendo el aire frío y percibía más claramente el ruido de la lluvia...
En efecto: el hombre, que se echó no más, sobre el recado, se había levantado, lo llevó otra vez a la enramada y, después de ensillar, había salido a pie hasta la manguera que estaba como a una cuadra dejándose pintar de rosado por los relámpagos. El agua le daba en la frente. Por eso avanzaba con la cabeza gacha.
Otro hombre le salió al encuentro, el poncho y el sombrero hecho sopa.
Era un negro.
-¿Están las mujeres solas?- preguntó ansioso.
Sombrío el otro respondió:
-Sí
-La plata tiene qu`estar en algún lao. Empecemos.
-No. No empezamos.
-¿Qué hay?
-Hay que yo no quiero.
-¿Qué no querés?
- Sí, que no quiero.
- ¿Pero estás loco?
-Peor pa mí si m`enloquecí. Pero ya te dije. Vamonós p`atrás.
-¿El qué?
-No hay qué que te valga. Como siempre, te acompaño cuando quieras; pero esta noche, no. Y aquí, menos.
-¡Hum! Si te salieran en luces malas los que has matao, te ciegaría la iluminación, y ahora te ha entrao por hacerte el angelito.
-Nadie habla aquí de bondá. Digo que no se me antoja y se acabó.
-Peor pa vos. Iré yo solo. ¡Que tanto amolar por dos mujeres!
-Es que vos tampoco vas a ir.
-¿Desde cuando es mi tutor el que habla?
-Desde que tengo la tutora- bramó el interpelado tanteándose la daga.
-¡Ah! ¿Querés peliar? ¡Me lo hubieras dicho antes! Seguramente ya habrás hecho la cosa y quedrás la plata pa vos solo. Pero no te veo uñas, mi querido.
Venite no más- y desenvainó su cuchillo.
-¡Callate, negro de los diablos!- rugió el otro yéndosele arriba.
A la luz de los relámpagos, entre los charcos, los dos hombres se tiraban a partir. El de la barba negra, medio recogido el poncho con la mano izquierda, fue haciendo un círculo para ponerse de espaldas a la lluvia. Comprendiendo el juego, el negro dio un salto. Pero se resbaló y se fue del lomo. El otro esperó a que se enderezara y lo atropelló. La daga, entrando de abajo a arriba, le abrió el vientre y se le hundió en el tórax.
-¡Jesús, mama!- exclamó el negro.
Fue lo único que dijo. La muerte le tapó la boca.
El otro, en las mismas ropas del difunto limpió su daga. Después enderezó chorreando agua, montó y salió como sin prisa, al trotecito.
-¡Pucha que había sido cargoso el negro!- murmuraba- ¡Le decía que no, y el que sí, y yo que no, y dale! ¡Estaba emperrao!...
La lluvia, gruesa, helada, seguía cayendo.


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EL SOLITARIO

Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad comercial hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana.

Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres y a sus vecinas con su cuerpo. Temerosa al fin, aceptó nerviosamente a Kassim.

No más sueños de lujo, sin embargo su marido, hábil artista aún, carecía completamente de carácter para hacer una fortuna. Por lo cual, mientras el joyero trabajaba doblado sobre sus pinzas, ella, de codos, sostenía sobre su marido una lenta y pesada mirada, para arrancarse luego bruscamente y seguir con la vista tras los vidrios al transeúnte de posición que podía haber sido su marido.

Cuanto ganaba Kassim, no obstante, era para ella. Los domingos trabajaba también a fin de poderle ofrecer un suplemento. Cuando María deseaba una joya -¡y con cuánta pasión deseaba ella!- trabajaba él de noche. Después había tos y puntadas al costado; pero María tenía sus chispas de brillante.

Poco a poco el trato diario con las gemas llegó a hacer amar a la esposa las tareas del artífice, siguiendo con artífice ardor las íntimas delicadezas del engarce. Pero cuando la joya estaba concluida- debía partir, no era para ella- caía más hondamente en la decepción de su matrimonio. Se probaba la alhaja, deteniéndose ante el espejo. Al fin la dejaba por ahí, y se iba a su cuarto.

Kassim se levantaba al oír sus sollozos, y la hallaba en cama, sin querer escucharlo.

-hago, sin embargo, cuanto puedo por ti,- decía él al fin, tristemente.

Los sollozos subían con esto, y el joyero se reinstalaba lentamente en su banco.

Estas cosas se repitieron, tanto que Kassim no se levantaba ya a consolarla. ¡Consolarla! ¿De qué? Lo cual no obstaba para que Kassim prolongara más sus veladas a fin de un mayor suplemento.

Era un hombre indeciso, irresoluto y callado. Las miradas de su mujer se detenían ahora con más pesada fijeza sobre aquella muda tranquilidad.

Y eres un hombre, tú! –murmuraba-

Kassim sobre sus engarces, no cesaba de mover los dedos.

-No eres feliz conmigo, María – expresaba al rato.

Feliz! ¡Y tienes el valor de decirlo! ¿Quién puede ser feliz contigo?...¡Ni la última de las mujeres!... ¡Pobre diablo! – concluía con risa nerviosa, yéndose.

Kassim trabajaba esa noche hasta las tres de la mañana, y su mujer tenía luego nuevas chispas que ella consideraba un instante con los labios apretados.

-Sí... No es una diadema sorprendente... ¿Cuándo la hiciste?

-Desde el martes –mirábala él con descolorida ternura-; mientras dormías, de noche...

Oh, podías haberte acostado!...¡Inmensos, los brillantes!

Porque su pasión eran las voluminosas piedras que Kassim montaba. Seguía el trabajo con loca hambre que concluyera de una vez, y apenas aderezaba la alhaja, corría con ella al espejo. Luego un ataque de sollozos:

Todos, cualquier marido, el último, haría un sacrificio para halagar a su mujer! Y tú..., y tú... ¡Ni un miserable vestido que ponerme tengo!

Cuando se traspasa cierto límite de respeto al varón, la mujer puede llegar a decir a su marido cosas increíbles.

La mujer de Kassim franqueó ese límite con una pasión igual por lo menos a la que sentía por los brillantes. Una tarde, al guardar sus joyas, Kassim notó la falta de un prendedor- cinco mil pesos en dos solitarios-. Buscó en sus cajones de nuevo.

-¿No has visto el prendedor, María? Lo dejé aquí.

-Sí, lo he visto.

-¿Dónde está? -se volvió él extrañado.

-¡Aquí!

Su mujer, los ojos encendidos y la boca burlona, se erguía con el prendedor puesto.

-Te queda muy bien- dijo Kassim al rato-. Guardémoslo.

María se rió.

-¡Oh, no! Es mío.

-¿Broma?...

-¡Sí es broma! ¡Es broma, sí! ¡Cómo te duele pensar que podría ser mío...! Mañana te lo doy. Hoy voy al teatro con él.

Kassim se demudó.

-Haces mal...Podrían verte. Perderían toda confianza en mí.

-¡Oh! –Cerró ella con rabioso fastidio, golpeando violentamente la puerta.

Vuelta del teatro, colocó la joya sobre el velador. Kassim se levantó de la cama y fue a guardarla en su taller bajo llave. Cuando volvió, su mujer estaba sentada en el lecho.

Es decir, que temes que te la robe! ¡Que soy una ladrona!

-No mires así...Has sido imprudente, nada más.

-¡Ah! ¡Y a ti te lo confían! ¡A ti, a ti! ¡Y cuando tu mujer te pide un poco de halago, y quiere...! ¡Me llamas ladrona a mí, infame!

Se durmió al fin. Pero Kassim no durmió.

Entregaron luego a Kassim para montar, un solitario, el brillante más admirable que hubiera pasado por sus manos.

-Mira, María, qué piedra. No he visto otra igual. Su mujer no dijo nada; pero Kassim la sintió respirar hondamente sobre el solitario.

-Un agua admirable...- prosiguió él-. Costará nueve o diez mil pesos.

-Un anillo...- murmuró María al fin.

-No, es de hombre...Un alfiler.

A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda trabajadora cuanto ardía de rencor y cocotaje frustrado en su mujer. Diez veces por día interrumpía a su marido para ir con el brillante ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.

-Si quieres hacerlo después- se atrevió Kassim un día-. Es un trabajo urgente.

Esperó respuesta en vano; su mujer abría el balcón.

-¡María, te pueden ver!

Toma! ¡Ahí está tu piedra!

El solitario, violentamente arrancado del cuello, rodó por el piso.

Kassim, lívido, lo recogió examinándolo y alzó luego desde el suelo la mirada a su mujer.

-Y bueno: ¿por qué me miras así? ¿Se hizo algo tu piedra?

-No- repuso Kassim. Y reanudó enseguida su tarea, aunque las manos le temblaban hasta dar lástima.

Tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en plena crisis de nervios. Su cabellera se había soltado, y los ojos le salían de las órbitas.

Dame el brillante! -clamó-. ¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mí! ¡Dámelo!

-María...-tartamudeó Kassim, tratando de desasirse.

-¡Ah! –rugió su mujer enloquecida-. ¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón ¡Y creías que no me iba a desquitar...cornudo! ¡Ajá! Mírame. No se te ha ocurrido nunca, ¿eh? ¡Ah!- y se llevó las dos manos a la garganta ahogada. Pero cuando Kassim se iba, saltó de la cama y cayó de pecho, alcanzando a tomarlo de un botín.

-¡No importa! ¡El brillante, dámelo! ¡No quiero más que eso! ¡Es mío, Kassim miserable!

Kassim la ayudó a levantarse, lívido.

-Estás enferma, María. Después hablaremos... Acuéstate.

-¡Mi brillante!

-Bueno, veremos si es posible...Acuéstate.

-¡Dámelo!

La crisis de nervios retornó.

Kassim volvió a trabajar en su solitario. Como sus manos tenían una seguridad matemática, faltaban pocas horas ya para concluirlo.

María se levantó a comer, y Kassim tuvo la solicitud de siempre con ella. Al final de la cena su mujer lo miró de frente.

-Es mentira, Kassim- le dijo.

-¡Oh!- repuso Kassim sonriendo-. No es nada.

Te juro que es mentira! –insistió ella.

Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe caricia la mano, y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con las mejillas entre las manos, lo siguió con la vista.

-Y no me dice más que eso...-murmuró. Y con una honda naúsea por aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fue a su cuarto.

No durmió bien, Despertó, tarde ya, y vio luz en el taller; su marido continuaba trabajando. Una hora después Kassim oyó un alarido.

-¡Dámelo!

-Sí, es para ti; falta poco, María –repuso presuroso, levantándose. Pero su mujer tras ese grito de pesadilla, dormía de nuevo.

A las dos de la madrugada Kassim pudo dar por terminada su tarea: el brillante resplandecía firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fue al dormitorio y encendió la veladora. María dormía de espaldas, en la blancura helada de su pecho y su camisón.

Fue al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el camisón desprendido.

Su mujer no lo sintió.

No había mucha luz. El rostro de Kassim adquirió de pronto una dureza de piedra, y suspendiendo un instante la joya a flor del seno desnudo, hundió, firme y perpendicular como un clavo, el alfiler entero en el corazón de su mujer.

Hubo una brusca abertura de ojos, seguida de una lenta caída de párpados. Los dedos se arquearon, y nada más.

La joya, sacudida por la convulsión del ganglio herido, tembló un instante desequilibrada. Kassim esperó un momento; y cuando el solitario quedó por fin perfectamente inmóvil, se retiró cerrando tras de sí la puerta sin hacer ruido.

HORACIO QUIROGA (1878-1937) Publicado en 1913. en la Revista Fray Mocho, Bs As, Argentina

El Gallo Azul (Larbanois Carrero)

Fue por Cañas que encontré
En un rancho entre las sierras
La moza tierna, que canto yo

Era fiesta familiar
Cumpleaños de la moza
Mejor que rosa era esa flor

Ondulaba el acordeón
Una maxixa liviana
Que daban ganas, de al baile entrar

Yo le dije ¿me permite?
Y ella dijo: ¡Como guste!
De usted es el cumple, pude atinar

¿Vino de la ciudad? Vine de Tacuarembó
¿Solo por verme a mí? Su humilde servidor
¿Se marchará de aquí? Cuando cante el gallo azul
¿Y ya me olvidará? Que no vea más la luz

Más la vida me llevó
Por campos desconocidos
Llevo el olvido, todo llevó

Acampé en Cebollatí
Y dormí por la frontera
La brasilera me acompañó

Ahora quiero recordar
A la moza de ojos pardos
En aquel rancho blanco y azul

Y doblado junto al fogón
Ni su fogata me alumbra
Vivo en penumbras, cargo mi cruz

Actividad  3- Luego de leer la Biografía de Eduardo Galeano transcribirla en el cuaderno a la 3a persona. 

Nací en Montevideo Uruguay en 1940. Soy más conocido como Eduardo Galeano debido a la dificultad de la pronunciación de mi primer apellido Hughes. Cuando tenía 14 años colaboré en el periodismo con dibujos y posteriormente con artículos periodísticos, también trabajé en diferentes actividades desde cobrador hasta editor.

A los 33 años, en 1973 estuve exiliado en Argentina y en España pero por suerte pude regresar en 1985 a Uruguay. En mi modo de ver las cosas creo que somos hombres sin fronteras y la realidad en Latinoamérica es la misma ,solo cambian las circunstancias.

Escribí sobre esta realidad en la obra "Las venas abiertas de América Latina" traducida a dieciocho idiomas. Fusioné mi faceta de periodista con la de narrador y escribí relatos como "Memoria del fuego", "Los Nacimientos" y "Los abrazos". Este último libro sirvió de inspiración a Joan Manuel Serrat para su canción "Secreta mujer". Espero que alguno de mis relatos te sirva de inspiración para crear cuentos poemas y canciones. Fuente: Diario "El Pais Cultural", 2022

2do Cuento de Horacio Quiroga-para trabajar en el curso

EL SOLITARIO


Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad comercial hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana.

Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres y a sus vecinas con su cuerpo. Temerosa al fin, aceptó nerviosamente a Kassim.

No más sueños de lujo, sin embargo su marido, hábil artista aún, carecía completamente de carácter para hacer una fortuna. Por lo cual, mientras el joyero trabajaba doblado sobre sus pinzas, ella, de codos, sostenía sobre su marido una lenta y pesada mirada, para arrancarse luego bruscamente y seguir con la vista tras los vidrios al transeúnte de posición que podía haber sido su marido.

Cuanto ganaba Kassim, no obstante, era para ella. Los domingos trabajaba también a fin de poderle ofrecer un suplemento. Cuando María deseaba una joya -¡y con cuánta pasión deseaba ella!- trabajaba él de noche. Después había tos y puntadas al costado; pero María tenía sus chispas de brillante.

Poco a poco el trato diario con las gemas llegó a hacer amar a la esposa las tareas del artífice, siguiendo con artífice ardor las íntimas delicadezas del engarce. Pero cuando la joya estaba concluida- debía partir, no era para ella- caía más hondamente en la decepción de su matrimonio. Se probaba la alhaja, deteniéndose ante el espejo. Al fin la dejaba por ahí, y se iba a su cuarto.

Kassim se levantaba al oír sus sollozos, y la hallaba en cama, sin querer escucharlo.

-hago, sin embargo, cuanto puedo por ti,- decía él al fin, tristemente.

Los sollozos subían con esto, y el joyero se reinstalaba lentamente en su banco.

Estas cosas se repitieron, tanto que Kassim no se levantaba ya a consolarla. ¡Consolarla! ¿De qué? Lo cual no obstaba para que Kassim prolongara más sus veladas a fin de un mayor suplemento.

Era un hombre indeciso, irresoluto y callado. Las miradas de su mujer se detenían ahora con más pesada fijeza sobre aquella muda tranquilidad.

Y eres un hombre, tú! –murmuraba-

Kassim sobre sus engarces, no cesaba de mover los dedos.

-Noeres feliz conmigo, María – expresaba al rato.

Feliz! ¡Y tienes el valor de decirlo! ¿Quién puede ser feliz contigo?...¡Ni la última de las mujeres!... ¡Pobre diablo! – concluía con risa nerviosa, yéndose.

Kassim trabajaba esa noche hasta las tres de la mañana, y su mujer tenía luego nuevas chispas que ella consideraba un instante con los labios apretados.

-Sí... No es una diadema sorprendente... ¿Cuándo la hiciste?

-Desde el martes –mirábala él con descolorida ternura-; mientras dormías, de noche...

Oh, podías haberte acostado!...¡Inmensos, los brillantes!

Porque su pasión eran las voluminosas piedras que Kassim montaba. Seguía el trabajo con loca hambre que concluyera de una vez, y apenas aderezaba la alhaja, corría con ella al espejo. Luego un ataque de sollozos:

Todos, cualquier marido, el último, haría un sacrificio para halagar a su mujer! Y tú..., y tú... ¡Ni un miserable vestido que ponerme tengo!

Cuando se traspasa cierto límite de respeto al varón, la mujer puede llegar a decir a su marido cosas increíbles.

La mujer de Kassim franqueó ese límite con una pasión igual por lo menos a la que sentía por los brillantes. Una tarde, al guardar sus joyas, Kassim notó la falta de un prendedor- cinco mil pesos en dos solitarios-. Buscó en sus cajones de nuevo.

-¿No has visto el prendedor, María? Lo dejé aquí.

-Sí, lo he visto.

-¿Dónde está? -se volvió él extrañado.

-¡Aquí!

Su mujer, los ojos encendidos y la boca burlona, se erguía con el prendedor puesto.

-Te queda muy bien- dijo Kassim al rato-. Guardémoslo.

María se rió.

-¡Oh, no! Es mío.

-¿Broma?...

-¡Sí es broma! ¡Es broma, sí! ¡Cómo te duele pensar que podría ser mío...! Mañana te lo doy. Hoy voy al teatro con él.

Kassim se demudó.

-Haces mal...Podrían verte. Perderían toda confianza en mí.

-¡Oh! –Cerró ella con rabioso fastidio, golpeando violentamente la puerta.

Vuelta del teatro, colocó la joya sobre el velador. Kassim se levantó de la cama y fue a guardarla en su taller bajo llave. Cuando volvió, su mujer estaba sentada en el lecho.

Es decir, que temes que te la robe! ¡Que soy una ladrona!

-No mires así...Has sido imprudente, nada más.

-¡Ah! ¡Y a ti te lo confían! ¡A ti, a ti! ¡Y cuando tu mujer te pide un poco de halago, y quiere...! ¡Me llamas ladrona a mí, infame!

Se durmió al fin. Pero Kassim no durmió.

Entregaron luego a Kassim para montar, un solitario, el brillante más admirable que hubiera pasado por sus manos.

-Mira, María, qué piedra. No he visto otra igual. Su mujer no dijo nada; pero Kassim la sintió respirar hondamente sobre el solitario.

-Un agua admirable...- prosiguió él-. Costará nueve o diez mil pesos.

-Un anillo...- murmuró María al fin.

-No, es de hombre...Un alfiler.

A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda trabajadora cuanto ardía de rencor y cocotaje frustrado en su mujer. Diez veces por día interrumpía a su marido para ir con el brillante ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.

-Si quieres hacerlo después- se atrevió Kassim un día-. Es un trabajo urgente.

Esperó respuesta en vano; su mujer abría el balcón.

-¡María, te pueden ver!

Toma! ¡Ahí está tu piedra!

El solitario, violentamente arrancado del cuello, rodó por el piso.

Kassim, lívido, lo recogió examinándolo y alzó luego desde el suelo la mirada a su mujer.

-Y bueno: ¿por qué me miras así? ¿Se hizo algo tu piedra?

-No- repuso Kassim. Y reanudó enseguida su tarea, aunque las manos le temblaban hasta dar lástima.

Tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en plena crisis de nervios. Su cabellera se había soltado, y los ojos le salían de las órbitas.

Dame el brillante! -clamó-. ¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mí! ¡Dámelo!

-María...-tartamudeó Kassim, tratando de desasirse.

-¡Ah! –rugió su mujer enloquecida-. ¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón ¡Y creías que no me iba a desquitar...cornudo! ¡Ajá! Mírame. No se te ha ocurrido nunca, ¿eh? ¡Ah!- y se llevó las dos manos a la garganta ahogada. Pero cuando Kassim se iba, saltó de la cama y cayó de pecho, alcanzando a tomarlo de un botín.

-¡No importa! ¡El brillante, dámelo! ¡No quiero más que eso! ¡Es mío, Kassim miserable!

Kassim la ayudó a levantarse, lívido.

-Estás enferma, María. Después hablaremos...

Acuéstate.

-¡Mi brillante!

-Bueno, veremos si es posible...Acuéstate.

-¡Dámelo!

La crisis de nervios retornó.

Kassim volvió a trabajar en su solitario. Como sus manos tenían una seguridad matemática, faltaban pocas horas ya para concluirlo.

María se levantó a comer, y Kassim tuvo la solicitud de siempre con ella. Al final de la cena su mujer lo miró de frente.

-Es mentira, Kassim- le dijo.

-¡Oh!- repuso Kassim sonriendo-. No es nada.

Te juro que es mentira! –insistió ella.

Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe caricia la mano, y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con las mejillas entre las manos, lo siguió con la vista.

-Y no me dice más que eso...-murmuró. Y con una honda naúsea por aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fue a su cuarto.

No durmió bien, Despertó, tarde ya, y vio luz en el taller; su marido continuaba trabajando. Una hora después Kassim oyó un alarido.

-¡Dámelo!

-Sí, es para ti; falta poco, María –repuso presuroso, levantándose. Pero su mujer tras ese grito de pesadilla, dormía de nuevo.

A las dos de la madrugada Kassim pudo dar por terminada su tarea: el brillante resplandecía firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fue al dormitorio y encendió la veladora. María dormía de espaldas, en la blancura helada de su pecho y su camisón.

Fue al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el camisón desprendido.

Su mujer no lo sintió.

No había mucha luz. El rostro de Kassim adquirió de pronto una dureza de piedra, y suspendiendo un instante la joya a flor del seno desnudo, hundió, firme y perpendicular como un clavo, el alfiler entero en el corazón de su mujer.

Hubo una brusca abertura de ojos, seguida de una lenta caída de párpados. Los dedos se arquearon, y nada más.

La joya, sacudida por la convulsión del ganglio herido, tembló un instante desequilibrada. Kassim esperó un momento; y cuando el solitario quedó por fin perfectamente inmóvil, se retiró cerrando tras de sí la puerta sin hacer ruido.

HORACIO QUIROGA (1878-1937) Publicado. en la Revista Fray Mocho de 1913

1er Cuento de Horacio Quiroga-para trabajar en el curso

Los inmigrantes

El hombre y la mujer caminaban desde las cuatro de la mañana. El tiempo, descompuesto en asfixiante calma de tormenta, tornaba aún más pesado el vaho nitroso del estero. La lluvia cayó por fin, y durante una hora la pareja, calada hasta los huesos, avanzó obstinadamente.

El agua cesó. El hombre y la mujer se miraron entonces con angustiosa desesperanza.

—¿Tienes fuerzas para caminar un rato aún? –dijo él–. Tal vez los alcancemos...

La mujer, lívida y con profundas ojeras, sacudió la cabeza.

—Vamos –repuso, prosiguiendo el camino.

Pero al rato se detuvo, aferrándose crispada de una rama. El hombre, que iba delante, se volvió al oír el gemido.

—¡No puedo más!... –murmuró ella con la boca torcida y empapada en sudor–. ¡Ay, Dios mío!...

El hombre, tras una larga mirada a su alrededor, se convenció de que nada podía hacer. Su mujer estaba encinta. Entonces, sin saber dónde ponía los pies, alucinado de excesiva fatalidad, el hombre cortó ramas, tendiolas en el suelo y acostó a su mujer encima. El se sentó a la cabecera, colocando sobre sus piernas la cabeza de aquélla. Pasó un cuarto de hora en silencio. Luego la mujer se estremeció hondamente y fue menester enseguida toda la fuerza maciza del hombre para contener aquel cuerpo proyectado violentamente a todos lados por la eclampsia. Pasado el ataque, él quedó un rato aún sobre su mujer, cuyos brazos sujetaba en tierra con las rodillas. Al fin se incorporó, alejose unos pasos vacilantes, se dio un puñetazo en la frente y tornó a colocar sobre sus piernas la cabeza de su mujer sumida ahora en profundo sopor.

Hubo otro ataque de eclampsia, del cual la mujer salió más inerte. Al rato tuvo otro, pero al concluir éste, la vida concluyó también. El hombre lo notó cuando aún estaba a horcajadas sobre su mujer, sumando todas sus fuerzas para contener las convulsiones. Quedó aterrado, fijos los ojos en la bullente espuma de la boca, cuyas burbujas sanguinolentas se iban ahora resumiendo en la negra cavidad. Sin saber lo que hacía, le tocó la mandíbula con el dedo.

—¡Carlota! –dijo con una voz que no era la suya, y que no tenía entonación alguna. El sonido de su voz lo volvió a sí, e incorporándose entonces miró a todas partes con ojos extraviados.

—Es demasiada fatalidad –murmuró.

—Es demasiada fatalidad... –murmuró otra vez, esforzándose entretanto por precisar lo que había pasado. Venían de Europa, eso no ofrecía duda; y habían dejado allá a su primogénito de dos años. Su mujer estaba encinta e iban a Makallé con otros compañeros... Habían quedado retrasados y solos porque ella no podía caminar bien... Y en malas condiciones, acaso, acaso su mujer hubiera podido encontrarse en peligro. Y bruscamente se volvió, mirando enloquecido: —¡Muerta, allí!...

Sentose de nuevo, y volviendo a colocar la cabeza muerta de su mujer sobre sus muslos, pensó cuatro horas en lo que haría. No arribó a pensar nada; pero cuando la tarde caía cargó a su mujer en los hombros y emprendió el camino de vuelta. Bordeaban otra vez el estero. El pajonal se extendía sin fin en la noche plateada, inmóvil y todo zumbante de mosquitos. El hombre, con la nuca doblada, caminó con igual paso, hasta que su mujer muerta cayó bruscamente de su espalda. Él quedó un instante de pie, rígido, y se desplomó tras ella. Cuando despertó, el sol quemaba. Comió bananas de filodendro, aunque hubiera deseado algo más nutritivo, puesto que antes de poder depositar en tierra sagrada el cadáver de su esposa, debían pasar días aún.

Cargó otra vez con el cadáver, pero sus fuerzas disminuían. Rodeándola entonces con lianas entretejidas, hizo un fardo con el cuerpo y avanzó así con menos fatiga. Durante tres días, descansando, siguiendo de nuevo, bajo el cielo blanco de calor, devorado de noche por los insectos, el hombre caminó y caminó, sonambulizado de hambre, envenenado de miasmas cadavéricas toda su misión concentrada en una sola y obstinada idea: arrancar al país hostil y salvaje el cuerpo adorado de su mujer.

La mañana del cuarto día viose obligado a detenerse, y apenas de tarde pudo continuar su camino. Pero cuando el sol se hundía, un profundo escalofrío corrió por los nervios agotados del hombre, y tendiendo entonces el cuerpo muerto en tierra, se sentó a su lado.

La noche había caído ya, y el monótono zumbido de mosquitos llenaba el aire solitario. El hombre pudo sentirlos tejer su punzante red sobre su rostro; pero del fondo de su médula helada los escalofríos montaban sin cesar. La luna ocre en menguante había surgido al fin tras el estero. Las yerbas altas y rígidas brillaban hasta el confín en fúnebre mar amarillento. La fiebre perniciosa subía ahora a escape.

El hombre echó una ojeada a la horrible masa blanduzca que yacía a su lado, y cruzando sus manos sobre las rodillas quedose mirando fijamente adelante, al estero venenoso, en cuya lejanía el delirio dibujaba una aldea de Silesia, a la cual él y su mujer, Carlota Phoening, regresaban felices y ricos a buscar a su adorado primogénito.

Horacio Quiroga


Actividad - Biografía del escritor Horacio Quiroga.

A- Completar, buscando e indagando la información necesaria

1-Nació(Lugar,fecha,etc):

2-Su familia natal estaba compuesta por...( nombres, clase social, ocupación del padre):

3-En su ciudad natal hizo las siguientes actividades(literarias,hobbie,etc):

4-Cuando vivió en Montevideo fundó un grupo:

5-En esta ciudad tiene un problema gravísimo que lo marcará para toda su vida:

6-Cuando se va a vivir a Buenos Aires(ocupación, vida sentimental), etc :

7-¿A partir de qué momento o situación decide irse a vivir a la Provincia de Misiones?

8-¿Habitando en San Ignacio, en el medio de la selva, además de escribir, ¿qué otras actividades realiza?

9-Alli en ese lugar forma su familia compuesta por(hijos y esposas):

10-La muerte va a ser uno de sus temas preferidos, pero en su vida real qué situaciones trágicas de seres queridos le tocó vivir:

11-Nombrar cuatro de sus cuentos más famosos:

12-Ademas de la muerte ¿Qué otros temas aparecerán en su Literatura?:

13-Fallece(lugar, causa,etc):


CARACTERISTICAS DE LA NARRATIVA DE QUIROGA

1-TEMAS RECURRENTES

-la muerte y el terror (Edgar Allan Poe)

-lo selvático y aventurero (Rudyard.Kipling)

-lo fantástico y el terror (Guy de.Maupassant)

2-ESTILO (forma de escribir):

a-recurre al tema de la violencia y el horror

b-aplica 2 principios:

1-economía-(simplicidad del argumento)

2-eficacia-busca provocar conmoción en el lector(??)

c-con descripciones breves sin adornos.

d-estructura limpia y sencilla (fácil de entender)

e-sin profundidad filosófica, no aparece Dios.

f-sus cuentos se ubican en la ciudad o en la selva.

3-PERSONAJES

a-algunos son extraídos de su propia realidad (ej "LOS DESTERRADOS")

b-rasgos bien definidos (quedan grabados en la mente)

c-sistema muy reducido , muy pocos aparecen

(busca centrar la atención en la acción)

d-están en permanente conflicto, con la naturaleza(selva) o sus pasiones(ciudad)

e-son seres desterrados, obsesivos, enfermos.

B-Luego de conocer la biografía y haber leído algún cuento de este autor

1-¿Qué fue lo que más te llamó la atención?

2 ¿Crees que la vida de este autor haya influido en la creación de toda su literatura?

Fundamentar la respuesta (mínimo 4 renglones)

E n J oY !!!

ACTIVIDADES PARA REALIZAR

1) Para entender mejor el texto buscar el significado de las siguientes palabras:

a-miasma:

b-vaho:

c-filodendro:

d-lívida:

e-horcajadas:

f-Makallé:

g-crispar:

h-Eclampsia:

i-Silesia:

j-perniciosa:

2) ¿De qué se trata el cuento, explícalo con tus palabras como si se lo explicaras a otra persona.(Trama o Argumento en términos técnicos)

3) ¿Quiénes son los personajes y qué características tiene cada uno?

4) ¿Por qué se titula "Los inmigrantes"? Fundamenta tu respuesta

5)-Divide el cuento en distintos momentos y ponle un Título a cada uno de ellos.

6)- Continuar el cuento e inventarle un final (mín 4 renglones).

Actividad del Módulo Introductorio: visionado del siguiente corto cinematográfico

Actividad: Para comenzar la unidad de Teatro, realizar el visionado de los dos videos y realizar un resumen o punteo de la información más relevante.

CARTAS DE SOLDADOS DE LA I GM


5/2/18 Francia, por la noche.

Cariño mío,: Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo acerca de lo que ocurre aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta... ¡Si alguna autoridad la ve! (...)
Quizá te gustara saber cómo está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia descubre esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a ninguno le queda nada de lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania tiene Alsacia, Bélgica o Francia. Lo único que quiere todo el mundo es acabar con esto de una vez e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado en los últimos meses te dirá lo mismo.

De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar como sea. Ahora ya sabes el estado real de la situación.

Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, solo me queda el pensar en todos los que estáis allí, todos a los que amo y que confían en mí para que contribuya al esfuerzo necesario para vuestra seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para aguantarlo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no es algo que ocupe ni uno entre un millón de todos los pensamientos que ocupan las mentes de los hombres aquí.

Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mío porque continuaré hasta el final, sea bueno o malo ( ...) Laurie

22/2/14

Querida Auguste: Aquí estamos en mitad del campo. La diferencia es que la tierra está removida por los obuses en vez de por el arado, y en las trincheras nos llega el agua a media pierna. Los boches(*alemanes) tienen aún más que nosotros. La lluvia de los últimos días transforma el suelo en un fango líquido, nuestra impedimenta está llena de humedad y este invierno también vamos a ser unos desgraciados. Además, tenemos la moral baja y no cunde precisamente la alegría. Con tristeza…  P

18/3/14

Querida Maurice: No tengo nada nuevo que contarte desde ayer. Sigue haciendo un tiempo espantoso. Tenemos agua y barro hasta las rodillas y, desde esta mañana, sufro unos cólicos que me desgarran las entrañas. Creo que es debido a que el pan y la carne nos llegan congelados. Hasta el vino se heló en los toneles, hazte una idea. Es de noche, partimos en dirección a Carency y esperamos un valioso refuerzo en los próximos días. Reza porque tenga la suerte suficiente para volver.

22/7/15

Papá: Aquí para que te evacúen hace falta reventar. Me gustaría que el Gobierno estuviera en el frente durante dos horas y vería lo que es esto. Me da igual si la carta pasa la censura, no es más que la verdad. Perdóname, no quiero que nos hablen del valor, del honor, porque yo lo llamo carnicería. Porque esta guerra no es más que un juego de masacre para nosotros en el que se nos lleva como vacas o corderos al matadero…

15/1/15

Amada esposa que alegría me da que puedes decir que tu vida durante los tres últimos años, desde la alegría de unirnos en el altar, ha sido un tiempo feliz; es lo que te mereces, mi queridísima, puesto que has sido una esposa modélica y me sobran las razones para bendecir el día en que te convertiste en mi mujer…Que Dios nos tenga reservados muchos más días felices juntos.

13/4/14

Querida Florence: Parto hacia el frente, no temas, estaré bien. Dile a mi madre que no se preocupe, le he dejado mi testamento. Seguid adelante hasta que vaya a casa, esta guerra "matadero" estoy seguro terminará antes. Quien te quiere y no te olvida .Tu "Romeo" valiente, desesperado por volver con vida.

(Una semana después)

«Querida, esta guerra va a ser peor de lo que pensaba, los oficiales nos han dicho esta mañana que será una guerra dura y larga….Nos han repartido un pequeño disco de hojalata con nuestro número, nombre y regimiento, que debemos llevar siempre en el cuello para que puedan identificarnos si nos matan... 

Contestar

1-¿Cuál es la preocupación del soldado?

2-¿Cuál es su apreciación sobre la guerra?

3-¿Qué sentimientos y sensaciones busca transmitir?

4-¿Qué opinas sobre la vida de un soldado en ese tiempo?.



Seguir Viviendo Sin Tu Amor

Si a tu corazón yo llego igual
Todo siempre se podrá elegir
No me escribas la pared
Solo quiero estar entre tu piel

Y si acaso no brillara el Sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor

Y hoy que enloquecido vuelvo
Buscando tu querer
No queda más que el viento
No queda más que el viento

Luis Alberto Spinetta(1950-2012)

EJEMPLOS DE "KNOLLINGS LITERARIOS" a partir del cuento "La insolación" de Horacio Quiroga

Estos dos trabajos son el ejemplo de lo que no se tiene que hacer: collage o disposición de imágenes



Copiar en el cuaderno las siguientes definiciones de Literatura

1-Son las producciones del entendimiento humano que tienen como fin 

expresar lo bello por medio de la palabra.

2-Es el conjunto de todas las producciones literarias de un pueblo o de una época.

3-La Literatura es un medio de tomar posición frente a los valores de la sociedad.

4-Toda Literatura es arte e ideología.

5-Es el arte que siempre es novedad.


Canción: "Imagine" de John Lennon

 

La inspiración para escribir la letra de "Imagine" nació del libro de su esposa, Grapefruit, sobre todo del poema titulado "Cloud Piece". A lo largo de los años, la canción ha sido tomada como una referencia en contra de las diferencias que existen en la sociedad y un llamado a la unidad y la paz. A más de 40 años, la letra aún tiene vigencia.

Sin duda, la letra de la icónica canción del ex Beatle es lo que más llama la atención, sin embargo, los acordes y partitura de la composición tiene un origen que muy pocos conocen, ya que probablemente John Lennon se inspiró en su padre para la música de "Imagine".

Imagine

Imagina que no hay cieloImagine there's no heavenEs fácil si lo intentasIt's easy if you tryNingún infierno bajo nosotrosNo hell below usSobre nosotros sólo el cieloAbove us, only sky

Imagina toda la genteImagine all the peopleViviendo por hoyLivin' for todayAhAh 

Imagina que no hay paísesImagine there's no countriesno es dificil de hacerIt isn't hard to doNada por lo que matar o morirNothing to kill or die forY sin religión tambiénAnd no religion, too 

Imagina toda la genteImagine all the peopleViviendo la vida en pazLivin' life in peaceYou

Puedes decir que soy un soñadorYou may say I'm a dreamerPero no soy el únicoBut I'm not the only oneespero que algun dia te nos unasI hope someday you'll join usY el mundo será como unoAnd the world will be as one

Imagina no posesionesImagine no possessionsme pregunto si puedesI wonder if you canNo hay necesidad de codicia o hambreNo need for greed or hungerUna fraternidad de hombresA brotherhood of man

Imagina toda la genteImagine all the peopleCompartiendo todo el mundoSharing all the worldYou

Puedes decir que soy un soñadorYou may say I'm a dreamerPero no soy el únicoBut I'm not the only oneespero que algun dia te nos unasI hope someday you'll join usY el mundo vivirá como uno soloAnd the world will live as one

Carnaval (Alfredo Zitarrosa)

A pesar de que no hizo todavía la guiñada

ya no cabe ni una sola persona más en la plaza.

Un negro medio dormido, en una petisa manca,

lleva a la grupa un peludo de aquéllos que no se empardan.

El Conde de Romanones abunda en malas palabras

porque le viene gritando un gurí: ¡Viejo… las parras!

La rubia María Cachorro, dándole a la colorada,

se vino del Cerro al Centro seguida de su perrada.

Y María entre suspiros, disfrazada de gitana,

llevando un galán del brazo va con rumbo a la bailanta.

Tolentino se hizo el vivo con una mujer casada

pero el marido le puso el pajilla de corbata.

Al pardo Macaco Baio, por pegar un tajo a un máscara,

lo llevó la policía en un loco jaia-jaia.

Cantando cruza la línea o despuntar la alborada

un corda'o carnavalesco de morenos de Santana.

Cada vez que se le ocurre soplar el viento en la plaza,

el ambiente se satura de intenso olor a quitandas.

El guardia civil Procopio se emborrachó en la parada

y le dice desaforos a toda negra que pasa.

Pizpireta y coquetona, la sirvientita de casa

estrena un vestido nuevo de muselina estampada.

Y a medida que transcurre el tiempo el corso se agranda,

porque a pesar de la crisis, para fiestas siempre hay plata.

Pero a la noche traidora contraviniendo ordenanzas

policiales, se le ocurre jugar carnaval con agua.

Y adiós corso y mascarita, quitanderas y comparsas

y adiós vestidito nuevo de la sirvienta de casa.

Son las once y ya no queda en la calle sólo un alma

pero no obstante, la noche sigue jugando con agua.

El cantor

Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, luego subió hasta los portones del Paraíso.

San Pedro preguntó nombre,edad, oficio.

-Cantor-dijo Alfredo

El portero quiso saber: cantor de qué.

-Milongas- dijo Alfredo.

San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó: -cante

Y Alfredo cantó.Una milonga, dos,cien.

San Pedro quería que aquello no acabara nunca.

La voz de Alfredo que había hecho vibrar los suelos,estaba haciendo vibrar los cielos.

Entonces Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja.

Y esa fue la única vez que Dios no supo quien era Dios.

Autor: Eduardo Galeano(1940-2015)
 


Luis O. Chiappini DíazMenú

Brutalidad en Salto

Decapitan vivo a un perro y dejan su cabeza en el trabajo de su dueño

El aberrante hecho ocurrió en la madrugada en la zona de la costanera sur. La víctima, un perro de raza Dachshund, fue mutilado con signos de extrema crueldad. El dueño encontró la cabeza al llegar a su lugar de trabajo. La Fiscalía investiga posibles móviles de venganza.

CUADRO COMPARATIVO DE LOS AMBIENTES EN QUE SUCEDEN LOS CUENTOS DE QUIROGA

LA SELVA (o el monte)

1-En esta se da la lucha frontal y primitiva con la naturaleza y las necesidades elementales.

2-Aquí a cada paso está la lucha del ser humano por la sobrevivencia.

3-Es el lugar de la soledad, el desamparo, y el refugio de las personas desesperadas que huyen de la ciudad(desterrados).

4-En este espacio, el mínimo suceso adquiere relevancia y jerarquía literaria.

5-En ella se ve de manera más clara la injusticia y la explotación del hombre(ej. los Mensú).

6-En este ambiente existen 2 clases de héroes:

a-los vencidos(no conocen la selva, no la respetan, o cometen un error que les cuesta la vida)

b-Los vencedores: la conocen y la respetan, no sobrepasando sus límites.(ej-los aborígenes)

LA CIUDAD

1-Es el escenario de los complejos y traumas del hombre,por ej. la locura se instala como un tema obsesivo y complejo.

2-Aquí es donde se encuentra el amor, la técnica y la ciencia.

3-El amor casi siempre tiene signo de frustración y de enfermedad(locura)

4-El narrador necesita sorprender con los acontecimientos.

5-Se da una lucha menos heroica, pero de gran desgaste y con un final imprevisto.

6-Se toma una obsesión y se la acompaña hasta su consumación de manera enfermiza.

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ACTIVIDAD:

1-Leer este fragmento del cuento "La miel silvestre" de Horacio Quiroga

Benincasa, habiendo concluido sus estudios de contaduría pública, sintió fulminante deseo de conocer la vida de la selva. No fue arrastrado por su temperamento, pues antes bien Benincasa era un muchacho pacífico, gordinflón y de cara rosada, en razón de su excelente salud. En consecuencia, lo suficiente cuerdo para preferir un té con leche y pastelitos a quién sabe qué fortuita e infernal comida del bosque. Pero así como el soltero que fue siempre juicioso cree de su deber, la víspera de sus bodas, despedirse de la vida libre con una noche de orgía en companía de sus amigos, de igual modo Benincasa quiso honrar su vida aceitada con dos o tres choques de vida intensa. Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot.

Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje. Mas a pesar de ello el contador público cuidaba mucho de su calzado, evitándole arañazos y sucios contactos.

De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.

-¿Adónde vas ahora? -le había preguntado sorprendido.

-Al monte; quiero recorrerlo un poco -repuso Benincasa, que acababa de colgarse el winchester al hombro.

-¡Pero infeliz! No vas a poder dar un paso. Sigue la picada, si quieres... O mejor deja esa arma y mañana te haré acompañar por un peón.

Benincasa renunció a su paseo. No obstante, fue hasta la vera del bosque y se detuvo. Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metiose las manos en los bolsillos y miró detenidamente aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno y otro lado, retornó bastante desilusionado.

2-Identificar y escribir en el cuaderno 10 caracteristicas o rasgos del Protagonista(Gabriel Benincasa) y 5 de su Padrino