Actividad con el poema "Explosión" de Delmira Agustini
EXPLOSION
¡Si la vida es amor, bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul del sentimiento.
Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
Donde la mano del amor golpea!
Hoy partió hacia la noche, triste, fría
Rotas las alas mi melancolía;
Como una vieja mancha de dolor
En la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!
DELMIRA AGUSTINI("El libro blanco"1907)
Actividad con el poema "Amor" de Delmira Agustini
AMOR
Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
Hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
Era un mar desbordado de locura y de fuego,
Rodando por la vida como un eterno riego.
Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
Que dobla ante la noche su cabeza de fuego;
Después rió, y en su boca tierna como un ruego,
Sonaba sus cristales el alma de la fuente.
Y hoy sueño que es vibrante, y suave y riente y triste,
Que todas las tinieblas y todo el iris viste;
Que, frágil como un ídolo y eterno como un Dios,
Sobre la vida toda su majestad levanta:
Y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
En una flor de fuego deshojada por dos…
DELMIRA AGUSTINI("El libro blanco"1907)
Instrucciones: Leer el poema detenidamente las veces que sea necesario y contestar las siguientes consignas(copiarlas y anotar las respuestas en el cuaderno que luego el docente corregirá)
1-¿De qué trata el poema, cómo se siente el yo lírico y cómo concluye el mismo?
2-¿Cómo se describe al amor, a lo largo del texto tiene alguna transformación?
3-Reconoce tres imágenes sensoriales distintas(referida a los 5 sentidos)
4-Identifica y fundamenta en el poema dos caracteristicas de la poesía de Delmira.
5-Realiza un cuadro comparativo entre este poema y la canción "Adiós" de Cerati".Con dos igualdades y 2 diferencias
CARACTERISTICAS DE LA POESÍA DE DELMIRA AGUSTINI
1+Tema recurrente: será el AMOR(el intelectual-imaginado no el de la experiencia).
-este siempre tendrá un efecto transformador, será ansiosamente esperado, idealizado, perfecto, personificado, divinizado(Eros el dios del amor)
2+Aparece generalmente un Yo testigo-actor y un Tú, que son amantes.
3+El lenguaje que utiliza el yo lírico para referirse al amado refleja un estado de animación y conmoción.
4+El uso de imágenes eróticas para referirse al amor será un sello identificativo de esta autora (muy avanzada y osada para la época)
5+Utiliza muchos símbolos de la poesía Modernista: flor, cisne, buitre.(ya que será un admiradora del poeta nicaragüense Ruben Darío(1867-1916) y fiel representante en nuestro país de su Movimiento)
MODERNISMO: Movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica.
Fue el primer movimiento cultural gestado en Hispanoamérica.
El poeta nicaragüense Rubén Darío(1867-1916) es su fundador junto con el cubano José Martí(1853-1895).
Algunas de sus características son:
a-Rechazo de la realidad cotidiana,
b-perfección en la forma y en la belleza(uso de imágenes muy plásticas, adjetivación,imágenes sensoriales, mucho colorido) y musicalidad(rima consonante),
c-utilización de arcaísmos(palabras antiguas) y creación de neologismos(palabras nuevas)
Fuente:Dicc.Literario Akal, 2009
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CUENTO
"Los sueños del inglés"
Alguna vez , en una vieja casona que hoy ya no existe, un joven inglés que llegó a Montevideo a probar suerte comprendió que la capital uruguaya no era una ciudad cualquiera.
En aquella esquina silenciosa del barrio sur en la que se alojó no sólo se cruzaban las calles Andes y canelones; se cruzaban también los caminos secretos del tiempo, la muerte y las pasiones del alma humana.
Aquel hombre se llamaba Richard Anderson. Su familia, de origen inglés, llegó a fines del siglo XIX desde el viejo continente y se estableció en Buenos Aires, Argentina. Siendo todavía un niño, fue enviado por sus padres a recibir una refinada educación en Europa.
Cuando cumplió sus 18 años, Anderson decidió regresar al Río de la Plata. Pero no se radicó en Buenos Aires con su familia, sino que por motivos que se desconocen prefirió distanciarse de ellos, renunció a la acomodada posición social que le ofrecían y vino a probar fortuna a Montevideo. Alquiló entonces una habitación en un edificio ubicado sobre la calle Andes, justo en la esquina con canelones. Era aquel un caserón viejo que se alquilaba por piezas, una especie de pensión y allí inició el inglés su nueva vida en la ciudad.
Tal vez haya sido porque no estaba acostumbrado a las incomodidades de la situación un tanto precaria en que se hallaba o por culpa del nerviosismo que le generaba la insólita aventura a la que se había lanzado, pero lo cierto es que a Anderson no le resultó nada fácil conciliar el sueño en aquella habitación. No podía dormir, escuchaba ruidos, le parecía que le susurraban al oído, veía sombras alrededor de la cama y –lo peor de todo- sufría atroces pesadillas. Eran sueños terribles, llenos de sangre y de violencia. Algo amenazante había en todo aquello. Las pesadillas eran reiterativas y con el paso del tiempo, lejos de extinguirse, fueron haciéndose más insoportables.
Tan frecuentes eran las pesadillas que Richard Anderson seriamente preocupado por su estado de salud mental, decidió buscar el consejo de un amigo suyo, médico de profesión e inglés como él. Le dijo que estaba enloqueciendo, que aquellos terribles sueños lo estaban trastornando y que si no encontraba una solución terminaría por perder la cabeza.
Sin embargo tras sucesivos exámenes y varias consultas, el profesional no pudo explicar los problemas de sueño de su amigo.
Una vez ocurrió un episodio muy extraño. Mientras estaba en la cama, intentando lograr el ansiado descanso, Anderson vio con toda claridad que una cruz que había colgada en la pared, dio una vuelta sobre sí misma, se zafó del gancho en que estaba sujeta y se cayó al suelo. Sumamente impactado por esto, al otro día le contó al médico lo que había pasado. Anderson por supuesto estaba seguro que había tenido una alucinación. Pero su amigo sospechando que a lo mejor el paciente estaba sano y que el problema podría estar en otra parte, decidió acompañarlo hasta su habitación, para averiguar de primera mano qué estaba sucediendo.
Ni bien llegaron a la pieza de aquella vieja pensión del barrio Sur, se pusieron a revolver absolutamente todo lo que había allí en busca de respuestas. No obstante, por más que exploraron detenidamente la habitación, no pudieron encontrar nada y todo seguía siendo un profundo misterio.
Cuando ya estaban por darse por vencidos, se dieron cuenta que una de las paredes, la misma donde colgaba la cruz que se había caído, presentaba una irregularidad. Esta había sido empapelada poco antes y al examinarla con atención se dieron cuenta de que detrás del papel estaba escondida, y disimulada con un enorme placard, una puerta que hasta el momento nadie había advertido. Sorprendidos por el hallazgo, retiraron parte del empapelado para descubrir la puerta.
Cuando por fin pudieron abrirla, una nueva sorpresa se les presentó: al otro lado se hallaba una habitación. Era una pieza pequeña, que por alguna extraña razón los dueños de la pensión habían decidido sellar herméticamente y aislar del resto de los cuartos para que nadie pudiese habitarla ni ingresar a ella. Se notaba que había estado desocupada durante mucho tiempo, pues el ambiente estaba impregnado de un penetrante olor a encierro y humedad y provocaba además una extraña sensación de tristeza.
Casi en el centro de la habitación, al costado de una cama se hallaba extendida una amplia alfombra. En ella podía advertirse a la perfección los restos de lo que parecía ser una gran mancha de sangre. Evidentemente, alguien había querido eliminarla, ya que esta estaba borroneada, pero no lo había conseguido por completo. Muy impactados por este descubrimiento, Richard Anderson y su amigo se preguntaron, si por casualidad este descubrimiento no tendría alguna relación con las terribles pesadillas que impedían dormir al joven inglés, por lo que decidieron investigar todo lo posible su pasado.
Según pudieron averiguar, tiempo atrás, hacia julio de 1914, en esa habitación había tenido lugar una tragedia que sacudió al país por aquellos años: el asesinato o mejor dicho femicidio dela afamada poetisa Delmira Agustini y el posterior suicidio de su ex marido Enrique Job Reyes.
Esa mancha roja que había en la alfombra , aquel resto de sangre seca, había sido el resultado de tan dramático episodio. Esta terrible tragedia fue el desenlace inesperado de una historia de vida notable, hermosa, que habla de una de las mejores y más famosas poetisas que hubo en Uruguay y una de las fundadoras de la lírica hispanoamericana.
Delmira Agustini, nacida en 1886, era una mujer oprimida, como lo eran la mayoría de las mujeres de su clase en el tiempo que le tocó vivir. Se la recuerda como una mujer entrañable, afectuosa y cálida. Y se dice que era también muy hermosa. Era alta, grande, fornida. Acaso hoy, nosotros debido a los canones de belleza actuales no lo veamos de ese modo, pero por entonces las mujeres así eran reconocidas como bellezas, y ella, en especial, fue considerada en su época una de las jóvenes más atractivas de Montevideo.
Sus padres, inmigrantes italianos, la llamaban la "Nena". Eso ya es un indicio de que era una mujer muy sobreprotegida. Su padre, Santiago Agustini, era un hombre sumiso y callado; pero su madre, María Murtfeldt, era terriblemente autoritaria, dominante, celosa y por momentos agresiva con ella. Tenía planes para resolver todo lo concerniente a la vida privada de Delmira, incluida una educación como correspondía a su rango social. De allí que la niña haya estudiado en el marco de su propia casa, recibiendo clases de francés, pintura, música y literatura en su hogar por medio de institutrices contratadas, cosa que era bastante usual para las niñas burguesas de esa época. Nunca fue a una escuela, a un liceo o a una institución donde pudiera hacer amigos y tener otros vínculos sociales. Por esta razón, su personalidad se fue haciendo introvertida, tímida e inhibida.
Nadie podía sospechar, entonces, que en el fondo de su personalidad bullía un deseo de expresión tan intenso que sólo logró satisfacerse cuando Delmira empezó a producir poesía. Con apenas 15 años, había escrito ya unos poemas maravillosos, muy lanzados para la época, en los que la joven se atrevía a decir cosas fantásticas, pero que en la sociedad provinciana y burguesa en la que vivía nadie se atrevía a decir. Tenían una carga enorme de pasión desenfrenada y por momentos tortuosa. "La noche estaba trágica y sollozante cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura", decía uno de sus poemas, y otro: "Vamos más lejos en la noche, vamos / donde ni un eco repercuta en mí, / como una flor nocturna allá en la sombra / me abriré dulcemente para ti". Esta poesía en aquella época era erotismo puro y de allí que no sólo sorprendiera, sino que también escandalizara.
En agosto de 1913, Delmira Agustini contrajo matrimonio con un sobrio caballero de la época llamado Enrique Job Reyes. A la boda acudieron todas las personalidades ilustres de la época —como José E. Rodó y Juan Zorrilla de San Martín, quien incluso fue testigo del enlace— porque esta era ya una poetisa muy reconocida. Pero su esposo, un comerciante rematador de ganado y católico de votos muy respetado, jamás pudo comprender el complejo carácter de su esposa. Nunca se supo muy bien, pero se presume que este casamiento fue arreglado por doña María Murtfeldt, la madre de esta, y de allí que el mismo haya generado un estado de constante insatisfacción en la joven escritora.
En una carta dirigida a Rubén Darío que escribió en 1912, esta confesaba:
Yo no sé si usted ha mirado la locura cara a cara y ha luchado con ella en la soledad angustiosa de un espíritu hermético... A mediados de octubre pienso internar mi neurosis en un sanatorio, de donde, bien o mal, saldré en noviembre para casarme. He resuelto arrojarme al abismo medroso del casamiento. No sé: tal vez en el fondo me espera la felicidad. La vida es tan rara!
El matrimonio duró muy poco tiempo. Al año siguiente, de regreso de la luna de miel que habían pasado en un chalet de Pocitos —o "de los Pocitos", como se llamaba antes— Delmira entró un día a su casa y gritó: "¡No soporto tanta vulgaridad!", dicho lo cual se dio media vuelta y se marchó, para nunca más volver a ver a Enrique Job Reyes como esposo. Después, en noviembre de 1913, la poetisa solicitó el divorcio, cuando la ley que lo habilitaba, impulsada por el gobierno de José Batlle y Ordóñez, llevaba apenas dos meses de promulgada. Lo hizo sin darse cuenta de que con esa temeraria solicitud estaba dañando irreparablemente el orgullo masculino de su marido.
No obstante, Delmira y su ex marido continuaron viéndose desde entonces como amantes. Cada tanto, se encontraban de forma clandestina en una habitación que Job Reyes había alquilado en un caserón de Andes al 1206 a un amigo. La joven era muy cautelosa para asistir a esos encuentros y tomaba muchas precauciones para que no la vieran los vecinos. Al llegar, golpeaba la puerta de la habitación discretamente para que su ex marido, que ya la esperaba allí, le abriera y permanecían encerrados por espacio de dos horas.
Luego, cada uno seguía con su propia vida. Se encontraban por lo menos dos o tres veces a la semana y estuvieron viéndose en secreto durante cerca de diez meses.
Hay muchos rumores al respecto, pero lo cierto es que en uno de aquellos encuentros, Job Reyes extrajo un revólver y le pegó dos tiros por la espalda. Los impactos alcanzaron la cabeza de la poetisa mientras se hallaba poniéndose las medias al borde de la cama. Luego, Job Reyes descendió de la cama, se acostó en el piso al lado del cuerpo de su ex esposa y, con el mismo revólver, se disparó a sí mismo en la cabeza. La poetisa murió instantáneamente por la naturaleza de las heridas; Job Reyes, en cambio, lo hizo poco después, cuando estaba internado en el hospital Maciel. Este fue el trágico final de Delmira Agustini, la "Nena", como le decían sus padres, cuando apenas tenía 27 años.
El hecho tuvo una repercusión tremenda y resultó extremadamente traumático para la sociedad de Montevideo de la época, ya que la joven era una poetisa realmente consagrada. Los diarios le dieron al caso una cobertura espectacular. Hay que recordar que en aquellos años los periódicos no tenían las restricciones que tienen ahora y que por lo tanto era común que publicaran fotos muy impresionantes, que satisfacían el gusto morboso de los lectores. Esto pasó con el caso de la muerte de Delmira, del que incluso aparecieron imágenes de la escena del crimen y de los cadáveres. Pero la tragedia no solo tuvo eco en Uruguay, sino que fue muy famosa en toda Latinoamérica y aun en Europa.
Con el tiempo fueron surgiendo una cantidad de versiones que intentaron explicar lo que había ocurrido. Por ejemplo, apareció una carta escrita de puño y letra por Enrique Job Reyes en la que éste ya anunciaba su próximo suicidio a un amigo, aunque nada decía sobre asesinar a su exesposa.
Otros aseguran que aquella noche Delmira le había comunicado a su ex esposo que esa sería la última vez que estarían juntos, lo que habría desencadenado la ira del hombre. Pero lo cierto es que a partir de entonces la tradición oral de Montevideo se ha encargado de consagrar una serie de comentarios sobre aquella habitación del edificio de Andes y Canelones en la que estos hallaron la muerte . En especial los vecinos del barrio Sur, comentan que todo el tiempo se veían allí sombras inexplicables, que se sentían voces o ruidos ininteligibles y que todos pensaban que los fantasmas de los protagonistas de aquel drama vagan todavía por el lugar. Esa habitación, por supuesto, era la misma pieza que había alquilado Richard Anderson para su estadía montevideana, sitio en el que se vio obligado a padecer aquellas terribles pesadillas que le impedían dormir. Se dice incluso que lo que él veía eran imágenes de los últimos instantes de vida de Delmira, como si la habitación le contara a través del lenguaje de los sueños los terribles sucesos que habían sucedido tiempo atrás. Tan impactantes fueron para el joven inglés los secretos escondidos en estas visiones que noche tras noche llegaban para atormentarlo, que poco tiempo después se decidió a abandonar la pensión y nunca más regresó.
Quienes se acerquen hoy hasta la esquina de las calles Andes y Canelones, posiblemente se lleven una gran desilusión. Es que ahí no van a encontrar ningún caserón antiguo y verán que en su lugar se halla un moderno edificio que fue construido sobre sus ruinas. Pero hay algo que no pudieron derrumbar: son los cimientos de esta leyenda popular, muy conocida en barrio Sur y que resuena en casi todos los rincones de Montevideo.
Cuento extraído del Libro "Voces Anónimas" (Vol III)-Montevideo,Uruguay,2008)
NOCIONES DE VERSIFICACIÓN
EL VERSO: Según la RAE: Palabra o conjunto de palabras que forma una unidad en un poema, sujeto a ritmo y a medida determinados. También en sentido colectivo, se nombra por contraposición a prosa(del lat-encaminado, en línea recta)
Podemos distinguir a grosso modo tres clases de versos:
1-El verso clásico: Tiene métrica y rima entre otros recursos.
2-El verso blanco: solo posee rima.
3-El verso libre. no se sujeta a ninguna métrica o rima.
Elementos formales del verso clásico(según su número de sílabas puede ser de arte menor(2 a 8) o mayor(9 o más).
1-Metro: es la medida de un verso por su número de sílabas poéticas, no gramaticales.
2-Sinalefa:forman una sílaba las vocales finales de una palabra con las iniciales de la siguiente.
Excepciones. La letra "h" y la conjunción "y"
3-Ley del acento final (según la acentuación de la última palabra de cada verso):
#Aguda, se suma una sílaba,(+1),
#Grave(queda igual,no cambia nada (0),
#Esdrújula(se le resta una sílaba (-1)
Cuento del autor Francisco "Paco" Espínola (uruguayo, nacido en 1901 en la ciudad de San José y fallecido en Montevideo en 1973)
EL HOMBRE PÁLIDO
Todo el día estuvo toldado el sol, y
las nubes, negruzcas, inmóviles en el cielo, parecían apretar el aire,
haciéndolo pesado, bochornoso, cansador.
A eso del atardecer, entre relámpagos y truenos, aquéllas aflojaron y el agua
empezó a caer con rabia, con furia casi; como si le dieran asco las cosas feas
del mundo y quisiera borrarlo todo, deshacerlo todo y llevárselo bien lejos.
Cada bicho escapó a su cueva. La hacienda, no teniendo ni eso, daba el anca al
viento y buscaba refugio debajo de algún árbol, en cuyas ramas chorreaban los
pajaritos, metidos a medias en sus nidos de paja y de pluma.
En el rancho de Tiburcio estaban solas Carmen, su mujer y Elvira, su hija.
El capataz de tropa de don Clemente Farías, había marchado para "adentro" hacía
una semana.
En la cocina negra de humo se hallaban, cuando oyeron ladrar el perro hacia el
lado del camino. Se asomó la muchacha y vio a un hombre desmontar en la
enramada con el poncho empapado y el sombrero como trapo por el aguacero.
-¡León! ¡León! ¡Fuera! Entre para acá- gritó Elvira.
-¿Quién es?- preguntó la vieja sin dejar de revolver la olla de mazamorra.
-No lo conozco.
La joven volvió al lado de su madre y quedó expectante.
-Buenas tardes.
Agachándose –la puerta era muy baja-, el hombre entró.
-Buenas. Siéntese. ¿Lo ha derrotado l`agua? Sáquese el poncho y arrimeló al
fogón.
-Sí, es mejor. Aquí, no más.
El hombre colgó su poncho negro en un gran clavo cerca del fuego y sacudió el
sombrero. Después se sentó en un banco.
-¿Viene de lejos? -curioseó la madre.
-De Belastiquí.
-¿Y va?
-Pa l'estancia'e Molina, en el Arroyo Grande. Pensaba llegar hoy a San José,
pero me apuré mucho por el agua y traigo cansadazo el caballo. Así que si me
deja pasar la noche...
-Comodidá no tenemos ... puede traer su recao y dormir aquí, en todo
caso.
-¡Como no!... Estoy acostumbrao.
La muchacha, ahora acurrucada en un rincón, lo miraba de reojo. Y cuando oyó
que iba a quedarse, sintió clarito en el pecho los golpes del corazón.
Es que cada vez más le parecía que aquel hombre delgado y alto, de cara pálida
en la que se enredaba una negrísima barba que la hacía más blanca, no tenía
aspecto para tranquilizar a nadie...
La vieja le interrumpió sus pensamientos diciendo:
-A ver, aprontá un mate.
Y siguió revolviendo la mazamorra, mientras daba conversación al forastero, que
acariciaba el perro y retiraba la mano cuando éste rezongaba desconfiado de
tanto mimo.
Elvira tiró la yerba vieja, puso nueva, le hizo absorber primero un poco de
agua tibia para que se hinchara sin quemarse. En seguida, ofreció el mate al
desconocido. Este la miró a los ojos y ella los bajó, trémula de susto. No
sabía porqué. Muchas veces habían llegado así, de pronto, gente de otros pagos
que dormían allí y al otro día se iban. Pero esa nochecita, con los ruidos de
los truenos y la lluvia, con la soledad, con muchas cosas, tenía un tremendo
miedo a aquel hombre de barba negra y cara pálida y ojos como chispas.
Se dio cuenta de que él la observaba. Los ojos encapotados, sorbiendo
lentamente el mate, el hombre recorría con la vista el cuerpo tentador de la
muchacha...
¡Oh, sí!, había que cansar muchos caballos para encontrar otra tan linda.
Brillante y negro el pelo, lo abría al medio una raya y caía por los hombros en
dos trenzas largas y flexibles. Tenía unos labios carnosos y chiquitos que
parecían apretarse para dar un beso largo y hondo, de esos que aprisionan toda
una existencia. La carne blanca, blanca como cuajada, tibia como plumón, se
aparecía por el escote y la dejaban también ver las mangas cortas del vestido.
El pecho abultadito, lindo pecho de torcaza; las caderas ceñidas, firmes; las
piernas que se adivinaban bien formadas bajo la pollera ligera; toda ella
producía unas ansias extraña en quien la miraba, entreveradas ansias de caer de
rodillas, de cazarla del pelo, de hacerla sufrir apretándola fuerte entre los
brazos, de acariciarla tocándola apenitas... ¡yo qué sé!, una mezcla de deseos
buenos y malos que viboreaban en el alma como relámpagos entre la noche. Porque
si bien el cuerpo tentaba el deseo del animal, los ojos grandes y negros eran
de un mirar tan dulce, tan leal, tan tristón, que tenían a raya el apetito, y
ponían como alitas de ángel a las malas pasiones...
Embebecido cada vez más en la contemplación, el hombre sólo al rato advirtió que
la muchacha estaba asustada. Entonces, algo le pasó también a él.
Su mano vacilaba ahora al tenerla para recibir o entregar el mate.
Elvira iba entre tanto poniendo la mesa. Luego, los tres se sentaron
silenciosos a comer. Concluída la cena, mientras las mujeres fregaban, el
hombre fue bajo la lluvia hasta la enramada, desensilló, llevó el recado a la
cocina y se sentó a esperar que hicieran la lidia jugando con el perro, con
León que, por una presa tirada al cenar, había perdido la desconfianza y estaba
íntimo con el desconocido.
-¡Mesmo qu`el hombre!- pensó éste.
Y siguió mirando el fuego y, de reojo, a Elvira.
Cuando terminaron la tarea, la madre
desapareció para tornar con unas cobijas.
-Su poncho no se ha secao. Hasta mañana, si Dios quiere.
-Se agradece.
-¡Buenas noches!- deseó la muchacha cruzando ligero a su lado con la cabeza
baja.
-Buenas.
Las dos mujeres abrieron la puerta que comunicaba con el otro cuarto, pasaron y
la volvieron a cerrar. Al rato, se oyó el rumor de las camas al recibir los
cuerpos, se apagó la luz...Todo fue envolviéndose en el ruido del agua que caía
sin cesar.
El hombre tendió las cacharpas, se arrebujó en las mantas con el perro y sopló
el candil.
El fogón, mal apagado, quedó brillando.
II
Un rato después se empezó a oír la respiración ruidosa y regular de la vieja.
Pero en la cama de Elvira no había caído el descanso. Ahora que su madre
dormía, el miedo la ahogaba más fuerte. El corazón le golpeaba el pecho como
alertándola para que algún peligro no la agarrara en el sueño, y su vista
trataba en vano de atravesar las tinieblas... De cuando en cuando rezaba un Ave
María que casi nunca terminaba, porque lo paraba en seco cualquier rumor, que
la hacía sentar de un salto en la cama.
A eso de la media noche, bien claro oyó que la puerta de la cocina que daba al
patio había sido abierta, y hasta le pareció sentir que el aire frío entraba
por las rendijas. Tuvo intención de despertar a su madre, pero no se animó a
moverse. Sentada, con los ojos saltados y la boca abierta para juntar el aire
que le faltaba, escuchó. No sintió nadita. Y aquel silencio, después de aquel
ruido, la asustaba más aún. No sentía nadita, pero en su imaginación veía al
hombre de la barba negra clavándole los ojos como chispas; veía el poncho
negro, colgado del clavo, movido por el viento como anunciando ruina... y como
para convencerla de que era verdad que la puerta había sido abierta, seguía
sintiendo el aire frío y percibía más claramente el ruido de la lluvia...
En efecto: el hombre, que se echó no más, sobre el recado, se había levantado,
lo llevó otra vez a la enramada y, después de ensillar, había salido a pie
hasta la manguera que estaba como a una cuadra dejándose pintar de rosado por
los relámpagos. El agua le daba en la frente. Por eso avanzaba con la cabeza
gacha.
Otro hombre le salió al encuentro, el poncho y el sombrero hecho sopa.
Era un negro.
-¿Están las mujeres solas?- preguntó ansioso.
Sombrío el otro respondió:
-Sí
-La plata tiene qu`estar en algún lao. Empecemos.
-No. No empezamos.
-¿Qué hay?
-Hay que yo no quiero.
-¿Qué no querés?
- Sí, que no quiero.
- ¿Pero estás loco?
-Peor pa mí si m`enloquecí. Pero ya te dije. Vamonós p`atrás.
-¿El qué?
-No hay qué que te valga. Como siempre, te acompaño cuando quieras; pero esta
noche, no. Y aquí, menos.
-¡Hum! Si te salieran en luces malas los que has matao, te ciegaría la
iluminación, y ahora te ha entrao por hacerte el angelito.
-Nadie habla aquí de bondá. Digo que no se me antoja y se acabó.
-Peor pa vos. Iré yo solo. ¡Que tanto amolar por dos mujeres!
-Es que vos tampoco vas a ir.
-¿Desde cuando es mi tutor el que habla?
-Desde que tengo la tutora- bramó el interpelado tanteándose la daga.
-¡Ah! ¿Querés peliar? ¡Me lo hubieras dicho antes! Seguramente ya habrás hecho
la cosa y quedrás la plata pa vos solo. Pero no te veo uñas, mi querido.
Venite no más- y desenvainó su cuchillo.
-¡Callate, negro de los diablos!- rugió el otro yéndosele arriba.
A la luz de los relámpagos, entre los charcos, los dos hombres se tiraban a
partir. El de la barba negra, medio recogido el poncho con la mano izquierda,
fue haciendo un círculo para ponerse de espaldas a la lluvia. Comprendiendo el
juego, el negro dio un salto. Pero se resbaló y se fue del lomo. El otro esperó
a que se enderezara y lo atropelló. La daga, entrando de abajo a arriba, le
abrió el vientre y se le hundió en el tórax.
-¡Jesús, mama!- exclamó el negro.
Fue lo único que dijo. La muerte le tapó la boca.
El otro, en las mismas ropas del difunto limpió su daga. Después enderezó
chorreando agua, montó y salió como sin prisa, al trotecito.
-¡Pucha que había sido cargoso el negro!- murmuraba- ¡Le decía que no, y el que
sí, y yo que no, y dale! ¡Estaba emperrao!...
La lluvia, gruesa, helada, seguía cayendo.

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EL SOLITARIO
Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad comercial hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana.
Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres y a sus vecinas con su cuerpo. Temerosa al fin, aceptó nerviosamente a Kassim.
No más sueños de lujo, sin embargo su marido, hábil artista aún, carecía completamente de carácter para hacer una fortuna. Por lo cual, mientras el joyero trabajaba doblado sobre sus pinzas, ella, de codos, sostenía sobre su marido una lenta y pesada mirada, para arrancarse luego bruscamente y seguir con la vista tras los vidrios al transeúnte de posición que podía haber sido su marido.
Cuanto ganaba Kassim, no obstante, era para ella. Los domingos trabajaba también a fin de poderle ofrecer un suplemento. Cuando María deseaba una joya -¡y con cuánta pasión deseaba ella!- trabajaba él de noche. Después había tos y puntadas al costado; pero María tenía sus chispas de brillante.
Poco a poco el trato diario con las gemas llegó a hacer amar a la esposa las tareas del artífice, siguiendo con artífice ardor las íntimas delicadezas del engarce. Pero cuando la joya estaba concluida- debía partir, no era para ella- caía más hondamente en la decepción de su matrimonio. Se probaba la alhaja, deteniéndose ante el espejo. Al fin la dejaba por ahí, y se iba a su cuarto.
Kassim se levantaba al oír sus sollozos, y la hallaba en cama, sin querer escucharlo.
-hago, sin embargo, cuanto puedo por ti,- decía él al fin, tristemente.
Los sollozos subían con esto, y el joyero se reinstalaba lentamente en su banco.
Estas cosas se repitieron, tanto que Kassim no se levantaba ya a consolarla. ¡Consolarla! ¿De qué? Lo cual no obstaba para que Kassim prolongara más sus veladas a fin de un mayor suplemento.
Era un hombre indeciso, irresoluto y callado. Las miradas de su mujer se detenían ahora con más pesada fijeza sobre aquella muda tranquilidad.
-¡Y eres un hombre, tú! –murmuraba-
Kassim sobre sus engarces, no cesaba de mover los dedos.
-No eres feliz conmigo, María – expresaba al rato.
-¡Feliz! ¡Y tienes el valor de decirlo! ¿Quién puede ser feliz contigo?...¡Ni la última de las mujeres!... ¡Pobre diablo! – concluía con risa nerviosa, yéndose.
Kassim trabajaba esa noche hasta las tres de la mañana, y su mujer tenía luego nuevas chispas que ella consideraba un instante con los labios apretados.
-Sí... No es una diadema sorprendente... ¿Cuándo la hiciste?
-Desde el martes –mirábala él con descolorida ternura-; mientras dormías, de noche...
-¡Oh, podías haberte acostado!...¡Inmensos, los brillantes!
Porque su pasión eran las voluminosas piedras que Kassim montaba. Seguía el trabajo con loca hambre que concluyera de una vez, y apenas aderezaba la alhaja, corría con ella al espejo. Luego un ataque de sollozos:
-¡Todos, cualquier marido, el último, haría un sacrificio para halagar a su mujer! Y tú..., y tú... ¡Ni un miserable vestido que ponerme tengo!
Cuando se traspasa cierto límite de respeto al varón, la mujer puede llegar a decir a su marido cosas increíbles.
La mujer de Kassim franqueó ese límite con una pasión igual por lo menos a la que sentía por los brillantes. Una tarde, al guardar sus joyas, Kassim notó la falta de un prendedor- cinco mil pesos en dos solitarios-. Buscó en sus cajones de nuevo.
-¿No has visto el prendedor, María? Lo dejé aquí.
-Sí, lo he visto.
-¿Dónde está? -se volvió él extrañado.
-¡Aquí!
Su mujer, los ojos encendidos y la boca burlona, se erguía con el prendedor puesto.
-Te queda muy bien- dijo Kassim al rato-. Guardémoslo.
María se rió.
-¡Oh, no! Es mío.
-¿Broma?...
-¡Sí es broma! ¡Es broma, sí! ¡Cómo te duele pensar que podría ser mío...! Mañana te lo doy. Hoy voy al teatro con él.
Kassim se demudó.
-Haces mal...Podrían verte. Perderían toda confianza en mí.
-¡Oh! –Cerró ella con rabioso fastidio, golpeando violentamente la puerta.
Vuelta del teatro, colocó la joya sobre el velador. Kassim se levantó de la cama y fue a guardarla en su taller bajo llave. Cuando volvió, su mujer estaba sentada en el lecho.
-¡Es decir, que temes que te la robe! ¡Que soy una ladrona!
-No mires así...Has sido imprudente, nada más.
-¡Ah! ¡Y a ti te lo confían! ¡A ti, a ti! ¡Y cuando tu mujer te pide un poco de halago, y quiere...! ¡Me llamas ladrona a mí, infame!
Se durmió al fin. Pero Kassim no durmió.
Entregaron luego a Kassim para montar, un solitario, el brillante más admirable que hubiera pasado por sus manos.
-Mira, María, qué piedra. No he visto otra igual. Su mujer no dijo nada; pero Kassim la sintió respirar hondamente sobre el solitario.
-Un agua admirable...- prosiguió él-. Costará nueve o diez mil pesos.
-Un anillo...- murmuró María al fin.
-No, es de hombre...Un alfiler.
A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda trabajadora cuanto ardía de rencor y cocotaje frustrado en su mujer. Diez veces por día interrumpía a su marido para ir con el brillante ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.
-Si quieres hacerlo después- se atrevió Kassim un día-. Es un trabajo urgente.
Esperó respuesta en vano; su mujer abría el balcón.
-¡María, te pueden ver!
-¡Toma! ¡Ahí está tu piedra!
El solitario, violentamente arrancado del cuello, rodó por el piso.
Kassim, lívido, lo recogió examinándolo y alzó luego desde el suelo la mirada a su mujer.
-Y bueno: ¿por qué me miras así? ¿Se hizo algo tu piedra?
-No- repuso Kassim. Y reanudó enseguida su tarea, aunque las manos le temblaban hasta dar lástima.
Tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en plena crisis de nervios. Su cabellera se había soltado, y los ojos le salían de las órbitas.
-¡Dame el brillante! -clamó-. ¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mí! ¡Dámelo!
-María...-tartamudeó Kassim, tratando de desasirse.
-¡Ah! –rugió su mujer enloquecida-. ¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón ¡Y creías que no me iba a desquitar...cornudo! ¡Ajá! Mírame. No se te ha ocurrido nunca, ¿eh? ¡Ah!- y se llevó las dos manos a la garganta ahogada. Pero cuando Kassim se iba, saltó de la cama y cayó de pecho, alcanzando a tomarlo de un botín.
-¡No importa! ¡El brillante, dámelo! ¡No quiero más que eso! ¡Es mío, Kassim miserable!
Kassim la ayudó a levantarse, lívido.
-Estás enferma, María. Después hablaremos... Acuéstate.
-¡Mi brillante!
-Bueno, veremos si es posible...Acuéstate.
-¡Dámelo!
La crisis de nervios retornó.
Kassim volvió a trabajar en su solitario. Como sus manos tenían una seguridad matemática, faltaban pocas horas ya para concluirlo.
María se levantó a comer, y Kassim tuvo la solicitud de siempre con ella. Al final de la cena su mujer lo miró de frente.
-Es mentira, Kassim- le dijo.
-¡Oh!- repuso Kassim sonriendo-. No es nada.
-¡Te juro que es mentira! –insistió ella.
Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe caricia la mano, y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con las mejillas entre las manos, lo siguió con la vista.
-Y no me dice más que eso...-murmuró. Y con una honda naúsea por aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fue a su cuarto.
No durmió bien, Despertó, tarde ya, y vio luz en el taller; su marido continuaba trabajando. Una hora después Kassim oyó un alarido.
-¡Dámelo!
-Sí, es para ti; falta poco, María –repuso presuroso, levantándose. Pero su mujer tras ese grito de pesadilla, dormía de nuevo.
A las dos de la madrugada Kassim pudo dar por terminada su tarea: el brillante resplandecía firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fue al dormitorio y encendió la veladora. María dormía de espaldas, en la blancura helada de su pecho y su camisón.
Fue al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el camisón desprendido.
Su mujer no lo sintió.
No había mucha luz. El rostro de Kassim adquirió de pronto una dureza de piedra, y suspendiendo un instante la joya a flor del seno desnudo, hundió, firme y perpendicular como un clavo, el alfiler entero en el corazón de su mujer.
Hubo una brusca abertura de ojos, seguida de una lenta caída de párpados. Los dedos se arquearon, y nada más.
La joya, sacudida por la convulsión del ganglio herido, tembló un instante desequilibrada. Kassim esperó un momento; y cuando el solitario quedó por fin perfectamente inmóvil, se retiró cerrando tras de sí la puerta sin hacer ruido.
HORACIO QUIROGA (1878-1937) Publicado en 1913. en la Revista Fray Mocho, Bs As, Argentina
El Gallo Azul (Larbanois Carrero)
Fue por Cañas que encontré
En un rancho entre las sierras
La moza tierna, que canto yo
Era fiesta familiar
Cumpleaños de la moza
Mejor que rosa era esa flor
Ondulaba el
acordeón
Una maxixa liviana
Que daban ganas, de al baile entrar
Yo le dije ¿me
permite?
Y ella dijo: ¡Como guste!
De usted es el cumple, pude atinar
¿Vino de la ciudad?
Vine de Tacuarembó
¿Solo por verme a mí? Su humilde servidor
¿Se marchará de aquí? Cuando cante el gallo azul
¿Y ya me olvidará? Que no vea más la luz
Más la vida me
llevó
Por campos desconocidos
Llevo el olvido, todo llevó
Acampé en Cebollatí
Y dormí por la frontera
La brasilera me acompañó
Ahora quiero
recordar
A la moza de ojos pardos
En aquel rancho blanco y azul
Y doblado junto al fogón
Ni su fogata me alumbra
Vivo en penumbras, cargo mi cruz
Actividad 3- Luego de leer la Biografía de Eduardo Galeano transcribirla en el cuaderno a la 3a persona.
Nací en Montevideo Uruguay en 1940. Soy más conocido como Eduardo Galeano debido a la dificultad de la pronunciación de mi primer apellido Hughes. Cuando tenía 14 años colaboré en el periodismo con dibujos y posteriormente con artículos periodísticos, también trabajé en diferentes actividades desde cobrador hasta editor.
A los 33 años, en 1973 estuve exiliado en Argentina y en España pero por suerte pude regresar en 1985 a Uruguay. En mi modo de ver las cosas creo que somos hombres sin fronteras y la realidad en Latinoamérica es la misma ,solo cambian las circunstancias.
Escribí sobre esta realidad en la obra "Las venas abiertas de América Latina" traducida a dieciocho idiomas. Fusioné mi faceta de periodista con la de narrador y escribí relatos como "Memoria del fuego", "Los Nacimientos" y "Los abrazos". Este último libro sirvió de inspiración a Joan Manuel Serrat para su canción "Secreta mujer". Espero que alguno de mis relatos te sirva de inspiración para crear cuentos poemas y canciones. Fuente: Diario "El Pais Cultural", 2022

2do Cuento de Horacio Quiroga-para trabajar en el curso
EL SOLITARIO
Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad comercial hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana.
Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres y a sus vecinas con su cuerpo. Temerosa al fin, aceptó nerviosamente a Kassim.
No más sueños de lujo, sin embargo su marido, hábil artista aún, carecía completamente de carácter para hacer una fortuna. Por lo cual, mientras el joyero trabajaba doblado sobre sus pinzas, ella, de codos, sostenía sobre su marido una lenta y pesada mirada, para arrancarse luego bruscamente y seguir con la vista tras los vidrios al transeúnte de posición que podía haber sido su marido.
Cuanto ganaba Kassim, no obstante, era para ella. Los domingos trabajaba también a fin de poderle ofrecer un suplemento. Cuando María deseaba una joya -¡y con cuánta pasión deseaba ella!- trabajaba él de noche. Después había tos y puntadas al costado; pero María tenía sus chispas de brillante.
Poco a poco el trato diario con las gemas llegó a hacer amar a la esposa las tareas del artífice, siguiendo con artífice ardor las íntimas delicadezas del engarce. Pero cuando la joya estaba concluida- debía partir, no era para ella- caía más hondamente en la decepción de su matrimonio. Se probaba la alhaja, deteniéndose ante el espejo. Al fin la dejaba por ahí, y se iba a su cuarto.
Kassim se levantaba al oír sus sollozos, y la hallaba en cama, sin querer escucharlo.
-hago, sin embargo, cuanto puedo por ti,- decía él al fin, tristemente.
Los sollozos subían con esto, y el joyero se reinstalaba lentamente en su banco.
Estas cosas se repitieron, tanto que Kassim no se levantaba ya a consolarla. ¡Consolarla! ¿De qué? Lo cual no obstaba para que Kassim prolongara más sus veladas a fin de un mayor suplemento.
Era un hombre indeciso, irresoluto y callado. Las miradas de su mujer se detenían ahora con más pesada fijeza sobre aquella muda tranquilidad.
-¡Y eres un hombre, tú! –murmuraba-
Kassim sobre sus engarces, no cesaba de mover los dedos.
-Noeres feliz conmigo, María – expresaba al rato.
-¡Feliz! ¡Y tienes el valor de decirlo! ¿Quién puede ser feliz contigo?...¡Ni la última de las mujeres!... ¡Pobre diablo! – concluía con risa nerviosa, yéndose.
Kassim trabajaba esa noche hasta las tres de la mañana, y su mujer tenía luego nuevas chispas que ella consideraba un instante con los labios apretados.
-Sí... No es una diadema sorprendente... ¿Cuándo la hiciste?
-Desde el martes –mirábala él con descolorida ternura-; mientras dormías, de noche...
-¡Oh, podías haberte acostado!...¡Inmensos, los brillantes!
Porque su pasión eran las voluminosas piedras que Kassim montaba. Seguía el trabajo con loca hambre que concluyera de una vez, y apenas aderezaba la alhaja, corría con ella al espejo. Luego un ataque de sollozos:
-¡Todos, cualquier marido, el último, haría un sacrificio para halagar a su mujer! Y tú..., y tú... ¡Ni un miserable vestido que ponerme tengo!
Cuando se traspasa cierto límite de respeto al varón, la mujer puede llegar a decir a su marido cosas increíbles.
La mujer de Kassim franqueó ese límite con una pasión igual por lo menos a la que sentía por los brillantes. Una tarde, al guardar sus joyas, Kassim notó la falta de un prendedor- cinco mil pesos en dos solitarios-. Buscó en sus cajones de nuevo.
-¿No has visto el prendedor, María? Lo dejé aquí.
-Sí, lo he visto.
-¿Dónde está? -se volvió él extrañado.
-¡Aquí!
Su mujer, los ojos encendidos y la boca burlona, se erguía con el prendedor puesto.
-Te queda muy bien- dijo Kassim al rato-. Guardémoslo.
María se rió.
-¡Oh, no! Es mío.
-¿Broma?...
-¡Sí es broma! ¡Es broma, sí! ¡Cómo te duele pensar que podría ser mío...! Mañana te lo doy. Hoy voy al teatro con él.
Kassim se demudó.
-Haces mal...Podrían verte. Perderían toda confianza en mí.
-¡Oh! –Cerró ella con rabioso fastidio, golpeando violentamente la puerta.
Vuelta del teatro, colocó la joya sobre el velador. Kassim se levantó de la cama y fue a guardarla en su taller bajo llave. Cuando volvió, su mujer estaba sentada en el lecho.
-¡Es decir, que temes que te la robe! ¡Que soy una ladrona!
-No mires así...Has sido imprudente, nada más.
-¡Ah! ¡Y a ti te lo confían! ¡A ti, a ti! ¡Y cuando tu mujer te pide un poco de halago, y quiere...! ¡Me llamas ladrona a mí, infame!
Se durmió al fin. Pero Kassim no durmió.
Entregaron luego a Kassim para montar, un solitario, el brillante más admirable que hubiera pasado por sus manos.
-Mira, María, qué piedra. No he visto otra igual. Su mujer no dijo nada; pero Kassim la sintió respirar hondamente sobre el solitario.
-Un agua admirable...- prosiguió él-. Costará nueve o diez mil pesos.
-Un anillo...- murmuró María al fin.
-No, es de hombre...Un alfiler.
A compás del montaje del solitario, Kassim recibió sobre su espalda trabajadora cuanto ardía de rencor y cocotaje frustrado en su mujer. Diez veces por día interrumpía a su marido para ir con el brillante ante el espejo. Después se lo probaba con diferentes vestidos.
-Si quieres hacerlo después- se atrevió Kassim un día-. Es un trabajo urgente.
Esperó respuesta en vano; su mujer abría el balcón.
-¡María, te pueden ver!
-¡Toma! ¡Ahí está tu piedra!
El solitario, violentamente arrancado del cuello, rodó por el piso.
Kassim, lívido, lo recogió examinándolo y alzó luego desde el suelo la mirada a su mujer.
-Y bueno: ¿por qué me miras así? ¿Se hizo algo tu piedra?
-No- repuso Kassim. Y reanudó enseguida su tarea, aunque las manos le temblaban hasta dar lástima.
Tuvo que levantarse al fin a ver a su mujer en el dormitorio, en plena crisis de nervios. Su cabellera se había soltado, y los ojos le salían de las órbitas.
-¡Dame el brillante! -clamó-. ¡Dámelo! ¡Nos escaparemos! ¡Para mí! ¡Dámelo!
-María...-tartamudeó Kassim, tratando de desasirse.
-¡Ah! –rugió su mujer enloquecida-. ¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón ¡Y creías que no me iba a desquitar...cornudo! ¡Ajá! Mírame. No se te ha ocurrido nunca, ¿eh? ¡Ah!- y se llevó las dos manos a la garganta ahogada. Pero cuando Kassim se iba, saltó de la cama y cayó de pecho, alcanzando a tomarlo de un botín.
-¡No importa! ¡El brillante, dámelo! ¡No quiero más que eso! ¡Es mío, Kassim miserable!
Kassim la ayudó a levantarse, lívido.
-Estás enferma, María. Después hablaremos...
Acuéstate.
-¡Mi brillante!
-Bueno, veremos si es posible...Acuéstate.
-¡Dámelo!
La crisis de nervios retornó.
Kassim volvió a trabajar en su solitario. Como sus manos tenían una seguridad matemática, faltaban pocas horas ya para concluirlo.
María se levantó a comer, y Kassim tuvo la solicitud de siempre con ella. Al final de la cena su mujer lo miró de frente.
-Es mentira, Kassim- le dijo.
-¡Oh!- repuso Kassim sonriendo-. No es nada.
-¡Te juro que es mentira! –insistió ella.
Kassim sonrió de nuevo, tocándole con torpe caricia la mano, y se levantó a proseguir su tarea. Su mujer, con las mejillas entre las manos, lo siguió con la vista.
-Y no me dice más que eso...-murmuró. Y con una honda naúsea por aquello pegajoso, fofo e inerte que era su marido, se fue a su cuarto.
No durmió bien, Despertó, tarde ya, y vio luz en el taller; su marido continuaba trabajando. Una hora después Kassim oyó un alarido.
-¡Dámelo!
-Sí, es para ti; falta poco, María –repuso presuroso, levantándose. Pero su mujer tras ese grito de pesadilla, dormía de nuevo.
A las dos de la madrugada Kassim pudo dar por terminada su tarea: el brillante resplandecía firme y varonil en su engarce. Con paso silencioso fue al dormitorio y encendió la veladora. María dormía de espaldas, en la blancura helada de su pecho y su camisón.
Fue al taller y volvió de nuevo. Contempló un rato el seno casi descubierto, y con una descolorida sonrisa apartó un poco más el camisón desprendido.
Su mujer no lo sintió.
No había mucha luz. El rostro de Kassim adquirió de pronto una dureza de piedra, y suspendiendo un instante la joya a flor del seno desnudo, hundió, firme y perpendicular como un clavo, el alfiler entero en el corazón de su mujer.
Hubo una brusca abertura de ojos, seguida de una lenta caída de párpados. Los dedos se arquearon, y nada más.
La joya, sacudida por la convulsión del ganglio herido, tembló un instante desequilibrada. Kassim esperó un momento; y cuando el solitario quedó por fin perfectamente inmóvil, se retiró cerrando tras de sí la puerta sin hacer ruido.
HORACIO QUIROGA (1878-1937) Publicado. en la Revista Fray Mocho de 1913
1er Cuento de Horacio Quiroga-para trabajar en el curso
Los inmigrantes
El hombre y la mujer caminaban desde las cuatro de la mañana. El tiempo, descompuesto en asfixiante calma de tormenta, tornaba aún más pesado el vaho nitroso del estero. La lluvia cayó por fin, y durante una hora la pareja, calada hasta los huesos, avanzó obstinadamente.
El agua cesó. El hombre y la mujer se miraron entonces con angustiosa desesperanza.
—¿Tienes fuerzas para caminar un rato aún? –dijo él–. Tal vez los alcancemos...
La mujer, lívida y con profundas ojeras, sacudió la cabeza.
—Vamos –repuso, prosiguiendo el camino.
Pero al rato se detuvo, aferrándose crispada de una rama. El hombre, que iba delante, se volvió al oír el gemido.
—¡No puedo más!... –murmuró ella con la boca torcida y empapada en sudor–. ¡Ay, Dios mío!...
El hombre, tras una larga mirada a su alrededor, se convenció de que nada podía hacer. Su mujer estaba encinta. Entonces, sin saber dónde ponía los pies, alucinado de excesiva fatalidad, el hombre cortó ramas, tendiolas en el suelo y acostó a su mujer encima. El se sentó a la cabecera, colocando sobre sus piernas la cabeza de aquélla. Pasó un cuarto de hora en silencio. Luego la mujer se estremeció hondamente y fue menester enseguida toda la fuerza maciza del hombre para contener aquel cuerpo proyectado violentamente a todos lados por la eclampsia. Pasado el ataque, él quedó un rato aún sobre su mujer, cuyos brazos sujetaba en tierra con las rodillas. Al fin se incorporó, alejose unos pasos vacilantes, se dio un puñetazo en la frente y tornó a colocar sobre sus piernas la cabeza de su mujer sumida ahora en profundo sopor.
Hubo otro ataque de eclampsia, del cual la mujer salió más inerte. Al rato tuvo otro, pero al concluir éste, la vida concluyó también. El hombre lo notó cuando aún estaba a horcajadas sobre su mujer, sumando todas sus fuerzas para contener las convulsiones. Quedó aterrado, fijos los ojos en la bullente espuma de la boca, cuyas burbujas sanguinolentas se iban ahora resumiendo en la negra cavidad. Sin saber lo que hacía, le tocó la mandíbula con el dedo.
—¡Carlota! –dijo con una voz que no era la suya, y que no tenía entonación alguna. El sonido de su voz lo volvió a sí, e incorporándose entonces miró a todas partes con ojos extraviados.
—Es demasiada fatalidad –murmuró.
—Es demasiada fatalidad... –murmuró otra vez, esforzándose entretanto por precisar lo que había pasado. Venían de Europa, eso no ofrecía duda; y habían dejado allá a su primogénito de dos años. Su mujer estaba encinta e iban a Makallé con otros compañeros... Habían quedado retrasados y solos porque ella no podía caminar bien... Y en malas condiciones, acaso, acaso su mujer hubiera podido encontrarse en peligro. Y bruscamente se volvió, mirando enloquecido: —¡Muerta, allí!...
Sentose de nuevo, y volviendo a colocar la cabeza muerta de su mujer sobre sus muslos, pensó cuatro horas en lo que haría. No arribó a pensar nada; pero cuando la tarde caía cargó a su mujer en los hombros y emprendió el camino de vuelta. Bordeaban otra vez el estero. El pajonal se extendía sin fin en la noche plateada, inmóvil y todo zumbante de mosquitos. El hombre, con la nuca doblada, caminó con igual paso, hasta que su mujer muerta cayó bruscamente de su espalda. Él quedó un instante de pie, rígido, y se desplomó tras ella. Cuando despertó, el sol quemaba. Comió bananas de filodendro, aunque hubiera deseado algo más nutritivo, puesto que antes de poder depositar en tierra sagrada el cadáver de su esposa, debían pasar días aún.
Cargó otra vez con el cadáver, pero sus fuerzas disminuían. Rodeándola entonces con lianas entretejidas, hizo un fardo con el cuerpo y avanzó así con menos fatiga. Durante tres días, descansando, siguiendo de nuevo, bajo el cielo blanco de calor, devorado de noche por los insectos, el hombre caminó y caminó, sonambulizado de hambre, envenenado de miasmas cadavéricas toda su misión concentrada en una sola y obstinada idea: arrancar al país hostil y salvaje el cuerpo adorado de su mujer.
La mañana del cuarto día viose obligado a detenerse, y apenas de tarde pudo continuar su camino. Pero cuando el sol se hundía, un profundo escalofrío corrió por los nervios agotados del hombre, y tendiendo entonces el cuerpo muerto en tierra, se sentó a su lado.
La noche había caído ya, y el monótono zumbido de mosquitos llenaba el aire solitario. El hombre pudo sentirlos tejer su punzante red sobre su rostro; pero del fondo de su médula helada los escalofríos montaban sin cesar. La luna ocre en menguante había surgido al fin tras el estero. Las yerbas altas y rígidas brillaban hasta el confín en fúnebre mar amarillento. La fiebre perniciosa subía ahora a escape.
El hombre echó una ojeada a la horrible masa blanduzca que yacía a su lado, y cruzando sus manos sobre las rodillas quedose mirando fijamente adelante, al estero venenoso, en cuya lejanía el delirio dibujaba una aldea de Silesia, a la cual él y su mujer, Carlota Phoening, regresaban felices y ricos a buscar a su adorado primogénito.
Horacio Quiroga
Actividad - Biografía del escritor Horacio Quiroga.
A- Completar, buscando e indagando la información necesaria
1-Nació(Lugar,fecha,etc):
2-Su familia natal estaba compuesta por...( nombres, clase social, ocupación del padre):
3-En su ciudad natal hizo las siguientes actividades(literarias,hobbie,etc):
4-Cuando vivió en Montevideo fundó un grupo:
5-En esta ciudad tiene un problema gravísimo que lo marcará para toda su vida:
6-Cuando se va a vivir a Buenos Aires(ocupación, vida sentimental), etc :
7-¿A partir de qué momento o situación decide irse a vivir a la Provincia de Misiones?
8-¿Habitando en San Ignacio, en el medio de la selva, además de escribir, ¿qué otras actividades realiza?
9-Alli en ese lugar forma su familia compuesta por(hijos y esposas):
10-La muerte va a ser uno de sus temas preferidos, pero en su vida real qué situaciones trágicas de seres queridos le tocó vivir:
11-Nombrar cuatro de sus cuentos más famosos:
12-Ademas de la muerte ¿Qué otros temas aparecerán en su Literatura?:
13-Fallece(lugar, causa,etc):
CARACTERISTICAS DE LA NARRATIVA DE QUIROGA
1-TEMAS RECURRENTES
-la muerte y el terror (Edgar Allan Poe)
-lo selvático y aventurero (Rudyard.Kipling)
-lo fantástico y el terror (Guy de.Maupassant)
2-ESTILO (forma de escribir):
a-recurre al tema de la violencia y el horror
b-aplica 2 principios:
1-economía-(simplicidad del argumento)
2-eficacia-busca provocar conmoción en el lector(??)
c-con descripciones breves sin adornos.
d-estructura limpia y sencilla (fácil de entender)
e-sin profundidad filosófica, no aparece Dios.
f-sus cuentos se ubican en la ciudad o en la selva.
3-PERSONAJES
a-algunos son extraídos de su propia realidad (ej "LOS DESTERRADOS")
b-rasgos bien definidos (quedan grabados en la mente)
c-sistema muy reducido , muy pocos aparecen
(busca centrar la atención en la acción)
d-están en permanente conflicto, con la naturaleza(selva) o sus pasiones(ciudad)
e-son seres desterrados, obsesivos, enfermos.
B-Luego de conocer la biografía y haber leído algún cuento de este autor
1-¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
2 ¿Crees que la vida de este autor haya influido en la creación de toda su literatura?
Fundamentar la respuesta (mínimo 4 renglones)
E n J oY !!!
ACTIVIDADES PARA REALIZAR
1) Para entender mejor el texto buscar el significado de las siguientes palabras:
a-miasma:
b-vaho:
c-filodendro:
d-lívida:
e-horcajadas:
f-Makallé:
g-crispar:
h-Eclampsia:
i-Silesia:
j-perniciosa:
2) ¿De qué se trata el cuento, explícalo con tus palabras como si se lo explicaras a otra persona.(Trama o Argumento en términos técnicos)
3) ¿Quiénes son los personajes y qué características tiene cada uno?
4) ¿Por qué se titula "Los inmigrantes"? Fundamenta tu respuesta
5)-Divide el cuento en distintos momentos y ponle un Título a cada uno de ellos.
6)- Continuar el cuento e inventarle un final (mín 4 renglones).
Actividad del Módulo Introductorio: visionado del siguiente corto cinematográfico
Actividad: Para comenzar la unidad de Teatro, realizar el visionado de los dos videos y realizar un resumen o punteo de la información más relevante.
CARTAS DE SOLDADOS DE LA I GM
5/2/18 Francia, por la noche.
Cariño
mío,: Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo acerca de lo que ocurre
aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta... ¡Si
alguna autoridad la ve! (...)
Quizá te gustara saber cómo está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad
es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia descubre
esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a ninguno le queda nada de
lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania
tiene Alsacia, Bélgica o Francia. Lo único que quiere todo el mundo es acabar
con esto de una vez e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera
que haya estado en los últimos meses te dirá lo mismo.
De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar como sea. Ahora ya sabes el estado real de la situación.
Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, solo me queda el pensar en todos los que estáis allí, todos a los que amo y que confían en mí para que contribuya al esfuerzo necesario para vuestra seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para aguantarlo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no es algo que ocupe ni uno entre un millón de todos los pensamientos que ocupan las mentes de los hombres aquí.
Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mío porque continuaré hasta el final, sea bueno o malo ( ...) Laurie
22/2/14
Querida Auguste: Aquí estamos en mitad del campo. La diferencia es que la tierra está removida por los obuses en vez de por el arado, y en las trincheras nos llega el agua a media pierna. Los boches(*alemanes) tienen aún más que nosotros. La lluvia de los últimos días transforma el suelo en un fango líquido, nuestra impedimenta está llena de humedad y este invierno también vamos a ser unos desgraciados. Además, tenemos la moral baja y no cunde precisamente la alegría. Con tristeza… P
18/3/14
Querida Maurice: No tengo nada nuevo que contarte desde ayer. Sigue haciendo un tiempo espantoso. Tenemos agua y barro hasta las rodillas y, desde esta mañana, sufro unos cólicos que me desgarran las entrañas. Creo que es debido a que el pan y la carne nos llegan congelados. Hasta el vino se heló en los toneles, hazte una idea. Es de noche, partimos en dirección a Carency y esperamos un valioso refuerzo en los próximos días. Reza porque tenga la suerte suficiente para volver.
22/7/15
Papá: Aquí para que te evacúen hace falta reventar. Me gustaría que el Gobierno estuviera en el frente durante dos horas y vería lo que es esto. Me da igual si la carta pasa la censura, no es más que la verdad. Perdóname, no quiero que nos hablen del valor, del honor, porque yo lo llamo carnicería. Porque esta guerra no es más que un juego de masacre para nosotros en el que se nos lleva como vacas o corderos al matadero…
15/1/15
Amada esposa que alegría me da que puedes decir que tu vida durante los tres últimos años, desde la alegría de unirnos en el altar, ha sido un tiempo feliz; es lo que te mereces, mi queridísima, puesto que has sido una esposa modélica y me sobran las razones para bendecir el día en que te convertiste en mi mujer…Que Dios nos tenga reservados muchos más días felices juntos.
13/4/14
Querida Florence: Parto hacia el frente, no temas, estaré bien. Dile a mi madre que no se preocupe, le he dejado mi testamento. Seguid adelante hasta que vaya a casa, esta guerra "matadero" estoy seguro terminará antes. Quien te quiere y no te olvida .Tu "Romeo" valiente, desesperado por volver con vida.
(Una semana después)
«Querida, esta guerra va a ser peor de lo que pensaba, los oficiales nos han dicho esta mañana que será una guerra dura y larga….Nos han repartido un pequeño disco de hojalata con nuestro número, nombre y regimiento, que debemos llevar siempre en el cuello para que puedan identificarnos si nos matan...
Contestar
1-¿Cuál es la preocupación del soldado?
2-¿Cuál es su apreciación sobre la guerra?
3-¿Qué sentimientos y sensaciones busca transmitir?
4-¿Qué opinas sobre la vida de un soldado en ese tiempo?.
Seguir Viviendo Sin Tu Amor
Si
a tu corazón yo llego igual
Todo siempre se podrá elegir
No me escribas la pared
Solo quiero estar entre tu piel
Y
si acaso no brillara el Sol
Y quedara yo atrapado aquí
No vería la razón
De seguir viviendo sin tu amor
Y
hoy que enloquecido vuelvo
Buscando tu querer
No queda más que el viento
No queda más que el viento
Luis Alberto Spinetta(1950-2012)
EJEMPLOS DE "KNOLLINGS LITERARIOS" a partir del cuento "La insolación" de Horacio Quiroga

Estos dos trabajos son el ejemplo de lo que no se tiene que hacer: collage o disposición de imágenes
Copiar en el cuaderno las siguientes definiciones de Literatura
1-Son las producciones del entendimiento humano que tienen como fin
expresar lo bello por medio de la palabra.
2-Es el conjunto de todas las producciones literarias de un pueblo o de una época.
3-La Literatura es un medio de tomar posición frente a los valores de la sociedad.
4-Toda Literatura es arte e ideología.
5-Es el arte que siempre es novedad.
Canción: "Imagine" de John Lennon
La inspiración para escribir la letra de "Imagine" nació del libro de su esposa, Grapefruit, sobre todo del poema titulado "Cloud Piece". A lo largo de los años, la canción ha sido tomada como una referencia en contra de las diferencias que existen en la sociedad y un llamado a la unidad y la paz. A más de 40 años, la letra aún tiene vigencia.
Sin duda, la letra de la icónica canción del ex Beatle es lo que más llama la atención, sin embargo, los acordes y partitura de la composición tiene un origen que muy pocos conocen, ya que probablemente John Lennon se inspiró en su padre para la música de "Imagine".
Imagine
Imagina que no hay cieloImagine there's no heavenEs fácil si lo intentasIt's easy if you tryNingún infierno bajo nosotrosNo hell below usSobre nosotros sólo el cieloAbove us, only sky
Imagina toda la genteImagine all the peopleViviendo por hoyLivin' for todayAhAh
Imagina que no hay paísesImagine there's no countriesno es dificil de hacerIt isn't hard to doNada por lo que matar o morirNothing to kill or die forY sin religión tambiénAnd no religion, too
Imagina toda la genteImagine all the peopleViviendo la vida en pazLivin' life in peaceTúYou
Puedes decir que soy un soñadorYou may say I'm a dreamerPero no soy el únicoBut I'm not the only oneespero que algun dia te nos unasI hope someday you'll join usY el mundo será como unoAnd the world will be as one
Imagina no posesionesImagine no possessionsme pregunto si puedesI wonder if you canNo hay necesidad de codicia o hambreNo need for greed or hungerUna fraternidad de hombresA brotherhood of man
Imagina toda la genteImagine all the peopleCompartiendo todo el mundoSharing all the worldTúYou
Puedes decir que soy un soñadorYou may say I'm a dreamerPero no soy el únicoBut I'm not the only oneespero que algun dia te nos unasI hope someday you'll join usY el mundo vivirá como uno soloAnd the world will live as one
Carnaval (Alfredo Zitarrosa)
A pesar de que no hizo todavía la guiñada
ya no cabe ni una sola persona más en la plaza.
Un negro medio dormido, en una petisa manca,
lleva a la grupa un peludo de aquéllos que no se empardan.
El Conde de Romanones abunda en malas palabras
porque le viene gritando un gurí: ¡Viejo… las parras!
La rubia María Cachorro, dándole a la colorada,
se vino del Cerro al Centro seguida de su perrada.
Y María entre suspiros, disfrazada de gitana,
llevando un galán del brazo va con rumbo a la bailanta.
Tolentino se hizo el vivo con una mujer casada
pero el marido le puso el pajilla de corbata.
Al pardo Macaco Baio, por pegar un tajo a un máscara,
lo llevó la policía en un loco jaia-jaia.
Cantando cruza la línea o despuntar la alborada
un corda'o carnavalesco de morenos de Santana.
Cada vez que se le ocurre soplar el viento en la plaza,
el ambiente se satura de intenso olor a quitandas.
El guardia civil Procopio se emborrachó en la parada
y le dice desaforos a toda negra que pasa.
Pizpireta y coquetona, la sirvientita de casa
estrena un vestido nuevo de muselina estampada.
Y a medida que transcurre el tiempo el corso se agranda,
porque a pesar de la crisis, para fiestas siempre hay plata.
Pero a la noche traidora contraviniendo ordenanzas
policiales, se le ocurre jugar carnaval con agua.
Y adiós corso y mascarita, quitanderas y comparsas
y adiós vestidito nuevo de la sirvienta de casa.
Son las once y ya no queda en la calle sólo un alma
pero no obstante, la noche sigue jugando con agua.
El cantor
Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, luego subió hasta los portones del Paraíso.
San Pedro preguntó nombre,edad, oficio.
-Cantor-dijo Alfredo
El portero quiso saber: cantor de qué.
-Milongas- dijo Alfredo.
San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó: -cante
Y Alfredo cantó.Una milonga, dos,cien.
San Pedro quería que aquello no acabara nunca.
La voz de Alfredo que había hecho vibrar los suelos,estaba haciendo vibrar los cielos.
Entonces Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja.
Y esa fue la única vez que Dios no supo quien era Dios.
Autor: Eduardo Galeano(1940-2015)
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ACTIVIDAD:
1-Leer este fragmento del cuento "La miel silvestre" de Horacio Quiroga
Benincasa, habiendo concluido sus estudios de contaduría pública, sintió fulminante deseo de conocer la vida de la selva. No fue arrastrado por su temperamento, pues antes bien Benincasa era un muchacho pacífico, gordinflón y de cara rosada, en razón de su excelente salud. En consecuencia, lo suficiente cuerdo para preferir un té con leche y pastelitos a quién sabe qué fortuita e infernal comida del bosque. Pero así como el soltero que fue siempre juicioso cree de su deber, la víspera de sus bodas, despedirse de la vida libre con una noche de orgía en companía de sus amigos, de igual modo Benincasa quiso honrar su vida aceitada con dos o tres choques de vida intensa. Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot.
Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje. Mas a pesar de ello el contador público cuidaba mucho de su calzado, evitándole arañazos y sucios contactos.
De este modo llegó al obraje de su padrino, y a la hora tuvo éste que contener el desenfado de su ahijado.
-¿Adónde vas ahora? -le había preguntado sorprendido.
-Al monte; quiero recorrerlo un poco -repuso Benincasa, que acababa de colgarse el winchester al hombro.
-¡Pero infeliz! No vas a poder dar un paso. Sigue la picada, si quieres... O mejor deja esa arma y mañana te haré acompañar por un peón.
Benincasa renunció a su paseo. No obstante, fue hasta la vera del bosque y se detuvo. Intentó vagamente un paso adentro, y quedó quieto. Metiose las manos en los bolsillos y miró detenidamente aquella inextricable maraña, silbando débilmente aires truncos. Después de observar de nuevo el bosque a uno y otro lado, retornó bastante desilusionado.
2-Identificar y escribir en el cuaderno 10 caracteristicas o rasgos del Protagonista(Gabriel Benincasa) y 5 de su Padrino
Botija de mi país
Botija de mi país, espero que seas felizvistiendo de amor a tus hermanos.Botija reí, reí,que el tiempo que vos vivísmañana será un lindo pasado.Botija de mi paíssi un día te recibísdéjate embriagar por los tambores,sólo dejate llevary nunca lo olvidarás,tu vida será siempre un candombe.Botija de mi país,si libre quieres vivir,no dejes de hablar con tus hermanos.Si te quieren reprimirjúntate con cinco mily juntos repiqueteen las manos.
(Autores Rubén Rada y Eduardo Mateo,1987)
